jueves, 27 de junio de 2013

La Cultura Cuzqueña, por un joven cuzqueño desde Lima


Publicado en el "Diario del Cusco" (Página 6 - Opinión), el 25 de Junio del 2013.
Por: Javier André Murillo Chávez
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Javier André Murillo Chávez*

Una pregunta bastante compleja que siempre pensé que se me formularía, tarde o temprano, es la siguiente: ¿Qué es la cultura cuzqueña? Sinceramente, creo que la única manera de que los cuzqueños contestemos esta pregunta cabalmente es buscando nuestra esencia en comparación con aquellos otros peruanos que viven dentro del territorio nacional. Así, cuando uno sale de nuestra querida ciudad imperial se encuentra en mejor posición de contestar esta pregunta; uno se da cuenta de su identidad cultural cuando se encuentra con personas que no saben que es lawa de maíz o santurantikuy, o cuando le preguntan qué es alaláu o makurki.

Como señala el historiador cusqueño Abraham Valencia, desde muy antiguo, el “Cuzco, como muchos pueblos de mucha importancia, tiene su significado como centro del universo”[1]; lo cual, sin lugar a dudas, se sigue sintiendo en la actualidad para todos los que tenemos dicho origen en común. Y esto se hace más especial cuando recordamos lo que dijo José María Arguedas sobre el Perú: “no hay país más diverso”; ahí, precisamente, dentro de esta diversidad, es donde encontramos la cultura cuzqueña.

Primeramente, debemos puntualizar qué es cultura. Para esto nos remitimos a lo señalado por Jorge Flores Ochoa, el mejor antropólogo cuzqueño, quien define el término cultura como “la herencia total de la comunidad, que no sea de carácter biológico, transmitida socialmente, y que incluye tecnología, ideología, comportamiento social, religión, arte, así como producción material hecha por la actividad humana (…), para usar otras palabras, es la porción de la conducta humana que se aprende, la parte del medio ambiente que ha sido hecha por el hombre”[2].

Como podemos observar, aplicando este concepto específicamente, tenemos que la cultura cuzqueña es el conjunto de aquellas tradiciones, lenguaje, música, comida, danzas, entre muchas otras creaciones que nos han ido dejando poco a poco nuestros antepasados del Cuzco, cuya repetición en el tiempo ha dejado huella para llegar a nuestra época a través de nosotros. Así, la procesión del Lunes Santo en la que el Taytacha de los temblores bendice año tras año nuestro querido Cuzco se ha venido repitiendo desde el 31 de marzo de 1650[3]; de igual manera, encontramos la tradicional feria de santurantikuy en el mes de diciembre y la fiesta del inti raymi en el mes de junio. También tenemos el tradicional plato de chiriuchu que se come en las fiestas del corpus christi o el timpu de los primeros meses del año. Y nuestras siempre tradicionales empanaditas de semana santa, un rico pan chuta o una rica frutillada. Las danzas de la fiesta de Paucartambo y muchas otras, también forman parte de esta cultura. Igualmente, tenemos el popular género musical del huayno y la lengua runasimi más conocida como quechua.

Todas estas cosas hacen que el cuzqueño sea lo que es, lo que nos diferencia de los demás, nuestra esencia, nuestro “soy de Cuzco”, nuestra identidad. Como ha señalado el sociólogo Alfaro “la etnicidad en la región andina (…) se manifiesta en el hecho de que, combinando sus propias creencias (uso de redes de parentesco y de reciprocidad como relación social) y prácticas culturales (expresiones regionales de origen tradicional como las asociadas a la música, la comida y las danzas) con otras imágenes y discursos provenientes de las elites nacionales y del resto del mundo, sus pobladores hayan construido un gusto y modo de vida propio a través del cual vienen disputando el significado del Perú como ‘comunidad imaginada’”[4]. Nuestra propia cultura, traída por miles de cuzqueños a la capital, denota nuestra disputa por entrar dentro de esta nación, el Perú, que se ha metaforizado como caleidoscopio cultural; aquí reside nuestra riqueza, si todos fuéramos iguales el país entero sería un monótono gris y no la gama infinita de colores en la que vivimos.

Los jóvenes cuzqueños nacidos en y posteriormente a la mitad de los años ochenta formamos parte un nuevo oleaje migratorio hacia la capital por motivos de trabajo o de estudio. Nosotros nos encontramos dentro de “una organización social de gran dimensión, con mayor complejidad en su organización”[5] como lo es la cultura peruana. Efectivamente, nos encontramos en tiempos en los que la posibilidad de erigir un verdadero nacionalismo peruano, lo que Basadre denominaba patria invisible[6], se encuentra en aquello que nos hacen creer que nos une como parte de esta sociedad peruana: la artificial marca Perú, el costeño ceviche o nuestra explotada Machu Picchu. Sin embargo, no debemos dejar de lado lo que verdaderamente nos une, nuestra esencia; en efecto, la cultura propia del lugar donde nacemos.

De esta manera, la permanencia de la cultura cuzqueña dentro de la sociedad peruana se impone como un deber para los jóvenes cuzqueños que, como yo, nos encontramos fuera de nuestra ciudad de origen. Acorde con esto, debo expresar con orgullo que percibo el raigambre cuzqueño fluir entre las generaciones contemporáneas a la mía; una muestra de esto es la conformación de un grupo llamado “Qosqo PUCP” que fundé en la popular red social Facebook para reunir a los alumnos cuzqueños de la Pontificia Universidad Católica del Perú hace ya más de cinco años, el cual hasta la fecha cuenta con más de doscientos miembros. En este grupo se comparten pequeñas publicaciones de la cultura cuzqueña como los programas radiales dominicales “viaje a lo desconocido” de Radio Salkantay colgados en la red social de videos Youtube; invitaciones a exposiciones, eventos y muestras de arte cuzqueño en la capital; fiestas, eventos y noticias de nuestra ciudad de las cuales tomamos nota por el Internet. Un hito de este grupo ha sido la organización de la primera semana del Cuzco en la Pontificia Universidad Católica del Perú, con la presentación de William Luna, la proyección de la película Kukuli y un conversatorio sobre la cultura cusqueña.

Igualmente, frente a un deber, se erige un derecho. Los redactores de nuestra Constitución parecen haber tenido en cuenta que “el Perú es un país de pluralidades en su constitución social y en esas diferencias tiene una gran riqueza y diversidad”[7]. En efecto, nuestra Constitución reconoce el derecho a la identidad cultural en el inciso 19 de su artículo 2, la que es definida como “el conjunto de valores, creencias, instituciones, costumbres, tradiciones, estilos de vida que en conjunto forman su cosmovisión, así como también sus creaciones artísticas, tecnológicas, intelectuales, que son manifestaciones de dicha cosmovisión, que identifican a un pueblo o a mayoría y minorías dentro de un país con diversidad”[8]. Siendo un derecho fundamental reconocido por nuestra norma base, queda en nosotros lograr su efectividad a través de los tiempos llevando con orgullo aquello que nos caracteriza como cuzqueños donde vayamos.

El deber del joven cuzqueño es, en analogía de lo señalado por el escritor Edgardo Rivera Martínez[9], unir lo peruano con lo cuzqueño. Nunca debemos olvidar nuestras raíces y compartir, poco a poco, estas creaciones humanas cuzqueñas que han perdurado durante todo este tiempo. Finalmente, quiero terminar por concordar con el escritor y cineasta José Carlos Huayhuaca cuando señala que el Cusco es monumental  y luminoso[10] como una soleada tarde de junio. Debo agradecer mucho a Dios por haberme permitido nacer en mi amado Cuzco; y a mis padres y tradicional familia (Flores – Ochoa – Murillo – Martínez / Chacón – Jordán – Chávez – Gonzáles) por haberme inculcado esa cultura cuzqueña de la cual hemos hablado, con la humildad que corresponde a la juventud que nos caracteriza, en estas líneas.




* Alumno cuzqueño de duodécimo (12mo) ciclo de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú y de la Maestría en Derecho de la Competencia y la Propiedad Intelectual de la Escuela de Posgrado de la misma casa de estudios. Ejerciendo como asistente Legal del Área de Marcas y Derechos de Autor de la Consultora Especializada Clarke, Modet & Co. Perú, y asistente de cátedra de los Cursos de Derecho de la Competencia 2 y Derecho de Autor con el Profesor Raúl Solórzano Solórzano, ambos en la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
[1] VALENCIA Espinoza, Abraham – “Cuzco Religioso”. Lima: INC, 2007, p. 25.
[2] FLORES Ochoa, Jorge – “Principios Elementales de Antropología”. Cusco: Rosendo Maqui, 1971, p. 83.
[3] VALENCIA Espinoza, Abraham Ob. Cit. pp. 90 – 97.
[4] ALFARO Rotondo, Santiago – “Diferencia para la igualdad: Repensando la ciudadanía y la interculturalidad en el Perú” en AA.VV. – “Ciudadanía Inter-Cultural: conceptos y pedagogías desde América Latina. Lima: PUCP, 2008, p. 198.
[5] FLORES Ochoa, Jorge Ob. Cit., p. 99.
[6] Descrita como “realidad fundamentalmente sentimental o ideal (…) que se percibe en ese sujeto andino, costeño o selvático que se mueve por el país allende la dirección del Estado, construyendo país por su propia cuenta”. RENIQUE, José Luis – “Esperanza y fracaso en la Historia del Perú” en AA.VV. – “Perú en el Siglo XXI”. Lima: PUCP, 2008, p. 26.
[7] RUBIO, Marcial; EGUIGUREN, Francisco y BERNALES, Enrique – “Los Derechos Fundamentales en la Jurisprudencia del Tribunal Constitucional”. Lima: PUCP, 2011, p. 566.
[8] Ídem, p. 566.
[9] MALPARTIDA Tabuchi, Jorge – “Edgardo Rivera Martínez: “Busco unir lo andino con lo occidental”. Entrevista del 25 de septiembre de 2012. Edgardo Rivera Martínez. En Diario La República (WEB). Consulta: 19 de junio de 2013.
< http://www.larepublica.pe/24-09-2012/busco-unir-lo-andino-con-lo-occidental >
[10] HUAYHUACA, José Carlos – “Elogio de la luz y otros amores”. Lima: PUCP, 2012, p. 239.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Sobre las marcas en la actualidad


Publicado en el "Diario del Cusco" (Página 6 - Opinión), el 17 de Agosto del 2012.
Por: Javier André Murillo Chávez
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En la actualidad, vemos marcas en todo lugar y espacio de nuestras vidas; es inconcebible, siquiera pensar, un mundo sin ellas. Así, al igual que otros fenómenos de la realidad, las herramientas que constituyen la Propiedad Industrial, como las marcas, tienen reglas en base a las que se utilizan dentro del mercado por los agentes económicos, desde un pequeño empresario hasta las grandes corporaciones. El Derecho busca proteger intereses creando, corrigiendo y/o interpretando estas reglas; sin embargo, para entender la importancia de estas hoy en día, debemos saber qué es una marca, para qué sirve, y qué intereses se protegen mediante su reglamentación.

Para empezar, debemos señalar qué es la marca. Podemos señalar que, a nivel general, la libertad de empresa[1], que está reconocida dentro del Régimen económico de nuestra Constitución, contiene, en sus facetas de libertad de organización y competencia, una expresión denominada Propiedad Industrial. Las marcas son un instrumento que forma parte de esta, junto con las patentes; ambas tienen la característica común de ser bienes inmateriales. Específicamente, las marcas son signos distintivos que otorgan un valor adicional a un producto o servicio en el mercado, también son concebidas como activos empresariales de alto o incalculable valor[2]; como ejemplos tenemos la marca Apple, que en la valoración de este año[3] ocupa el primer lugar, con un valor aproximado de 182,951 millones de dólares americanos, o la marca Google, que en la misma valoración ocupa el tercer lugar, con un valor aproximado de 107,857 millones de dólares americanos.

Luego, es nuestro deber dilucidar para qué sirven; así, las marcas cuentan con cuatro funciones clásicas y tres modernamente reconocidas[4]. Las primeras son (i) la función de distintividad, consistente en que la marca es el instrumento por el cual se diferencia un bien o servicio particular en el mercado; (ii) la función de origen empresarial, por la que la marca identifica a los bienes y servicios con el individuo u empresa que lo produce y/o ofrece en el mercado; (iii) la función de reputación (o godwill), por la que la marca condensa la reputación o imagen en base a la calidad positiva, o negativa, del producto o servicio ofrecido; y (iv) la función publicitaria, por la que la marca es en sí misma un medio de inducción a la contratación de los servicios o compra de los bienes a los que representa. Las segundas son (v) la función de protección al consumidor, por la que la marca otorga información al consumidor para la toma de una decisión de contratación en el mercado; (vi) la función de protección del titular de la marca, por la que la marca distingue sus productos o servicios frente a los de los consumidores; y (viii) la función competitiva, por la que la marca sirve como elemento de sana competencia en el mercado pues con ella se detrae lealmente (a través de la eficiencia) a clientes de otras empresas.

Entonces, qué intereses protege su reglamentación. Cabe señalar que existen concretamente tres que se protegen en el marco general de lo que se denomina Economía Social de Mercado: (i) el interés de los consumidores, (ii) el interés de los empresarios titulares de las marcas, y (iii) el interés público del Estado.

Cuando estos signos se utilizan de manera correcta (denominémosle etapa fisiológica de la marca), se protege al consumidor con la información otorgada por la marca: identificación del producto o servicio, empresa productora del mismo, la reputación de la empresa y, por ende, la calidad del bien o servicio ofrecido; además, se protege a los empresarios titulares de las marcas al proporcionarles una herramienta condensadora de información, calidad y reputación, así como de competencia y publicidad en el mercado; y, finalmente, también se protege el interés público del Estado al ser la marca un elemento de sana competencia en el mercado basado en la pura eficiencia de los empresarios.

Sin embargo, cuando se utilizan de manera incorrecta (nombrémosla etapa patológica de la marca), las reglas protegen al consumidor al corregir los errores para que se le proporcione información verídica a través de la marca sobre los bienes y servicios ofrecidos; se protege a los empresarios al reparar las injustos beneficios que obtienen los demás competidores al trasgredir las reglas sobre las marcas; y, finalmente, se protege el interés público del Estado al remediar la competencia desleal a través del uso incorrecto de los signos distintivos. Aquí nos encontramos en situaciones como cuando un competidor utiliza una marca muy parecida a de otra empresa, cuando un competidor muestra publicidad denigrando la marca de otra empresa, entre otras similares.

Las marcas son tan importantes que sus reglas, junto con las de otras instituciones (patentes, denominaciones de origen, lemas comerciales, entre otros), están contenidas en un instrumento de nivel internacional en la región sudamericana: la Decisión N° 486 de la Comunidad Andina de Naciones, derivado del Acuerdo de Cartagena, que genera un marco normativo común sobre Propiedad Industrial en Bolivia, Ecuador, Perú y Colombia. De igual manera, existen varios fenómenos que nos recalcan la importancia de las marcas y la necesidad de nuevas regulaciones, a cargo del Derecho, para su correcto uso; entre estos tenemos las “marcas renombradas o notoriamente conocidas” y la “marca país”.

En la actualidad, existen las denominadas “marcas renombradas” o “marcas notoriamente conocidas” que se caracterizan por la extensa amplitud de consumidores que las reconocen y que prácticamente son protegidas a nivel mundial, como Coca Cola o Sony, como producto de la globalización actual en la era de la información en la que vivimos. Igualmente, hoy en día, las marcas han evolucionado a tal nivel que se ha creado un tipo sui generis denominado “marca país” que, en lugar de servir para identificar bienes y servicios particulares de un empresario, viene a complementar a todo un conjunto de productos, servicios e, incluso, personalidades originarios de un país determinado, tales como la marca Perú o la marchio Italia.

De esta manera, en la actualidad, podemos observar la importancia de un pequeño dibujo, una palabra o, quizás, sólo sílabas; así como la de sus reglas, que delimitan la correcta actuación de los empresarios, la benéfica protección de los consumidores y el cumplimiento del rol de agente corrector de injusticias del Estado, logrando así el correcto funcionamiento del mercado.



[1] KRESALJA, Baldo y OCHOA, César – “Derecho Constitucional Económico” (2009). Lima: PUCP.
[2] CASTRO García, Juan David – “La propiedad industrial” (2009). Bogotá: Universidad Externado de Colombia.
[3] BRANDZTM – “BrandZTM Top 100 Most Valuable Global Brands 2012 Report” [en línea] (2012). En Portal WPP (WEB) - BRANDZTM reports. Consulta: 13 de Agosto del 2012.
< http://www.wpp.com/NR/rdonlyres/4B44C834-AEA8-4951-871A-A5B937EBFD3E/0/brandz_2012_top_100.pdf>
[4] VIBES, Federico – “Derechos de propiedad intelectual” (2009). Buenos Aires: ADHOC.

domingo, 22 de julio de 2012

Extrañar no es una ciencia [poema]


"Andean Explorer" by DevianArt

Ser un errante provinciano
Al parecer, es mi destino
Llorar con el adiós, mi rutina temporal
En ambos lados de este corazón

Tristeza momentánea, felicidad eterna
Y esas despedidas para olvidar
¿Cómo no existe la teletransportación? Carajo
Así serían cortas las distancias y largos los besos

La vida no es fácil, solían decir
Ahora entiendo el porqué, mas no el porqué a mi
La utopía soñada impensable en este país
Donde todo está al centro y lo demás son periferias

Mi escape de la precariedad, corazones entrecruzados
Sentimientos encontrados con alas de libertad
Un beso con sabores de colores que me da vida
Un abrazo que me devuelve la fuerza para soportar

Juegos de adultos creados para un niño
Y nuevamente corazones en espera
Tras un réquiem extraño
Curiosos sentimientos, un giro de la vida

Ser un errante provinciano
Espero no morir en tierra ajena
Y vivir dignamente con amor
Esperanza junto a ti

Diseño del artista cusqueño Jorge Flores Najar, mi querido Tío.