Mostrando entradas con la etiqueta vacaciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vacaciones. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de marzo de 2009

Runasimita Yachaq

















Muy pocas veces podemos encontrar lo que exactamente buscamos; sin embargo, en estas vacaciones yo logré encontrar precisamente lo que buscaba. Desde que entré a la universidad, en las vacaciones, me he acostumbrado a trazar y a realizar distintas metas; por ejemplo, tomé clases de manejo y logré sacar mi licencia de conducir en las vacaciones de Julio del año pasado, pero este año me comprometí conmigo mismo para lograr una meta un tanto difícil y dificultosa por el tiempo: aprender Quechua.

En el 2007, en la clase de historia del Perú en mi universidad, el profesor se entero que yo era de Cusco; entonces, me solicitó leer y traducir un texto en quechua. Ante tal pedido no pude más que contestar con un tímido “no sé quechua, profesor” casi murmurado. Entonces fue cuando me di cuenta de que debía, por lo menos, poder defenderme en uno de los idiomas nativos, no sólo de mi ciudad sino también, de todo el Perú y América del Sur. Fue entonces que mi mamá y mi abuela contactaron con mi tía Gloria para que me enseñara durante mis vacaciones; seré sincero, nunca he tenido un trato muy cercano con mi familia por parte de mi mamá, sin embargo, recordaba a mi tía por algunas reuniones en casa de mis abuelos.

Cuando comencé las clases no sabía más que palabras simples como “inti” (sol), “killa” (luna) o “ch’aska” (estrella). En cambio ahora, puedo completar frases enteras como “noqa runasimita yachashani” (estoy aprendiendo quechua) y hasta escribí un pequeño cuento en Quechua con mi limitado vocabulario. Qué puedo decir, mis clases fueron, como ya lo dije, lo que exactamente buscaba; desde el principio, más que tener un cartón por asistir a las frías clases de un instituto por 3 meses, quería aprender el idioma Quechua para hacer uso de él en mi vida diaria y es lo que conseguí, y un poco más, pasar un tiempo muy lindo y ameno con mi querida tía Gloria. Estas clases con mi tía han sido más que simples clases: toda una experiencia de vida. Además, también aprendí lo importante que es, para mí, aprender o tener, por lo menos, algún conocimiento de este idioma por ser cusqueño.

Justo ayer pude observar, en el programa “Cuarto Poder”, un reportaje acerca del “Runasimi” (Quechua) en el Perú. La principal imagen que se muestra es la de la actriz de “La Teta Asustada” cantando y agradeciendo en Quechua en la premiación del festival de Berlín, luego es aplaudida por personas ajenas a nuestro nativo idioma. El enfoque del reportaje es claro: la perdida de este idioma en nuestro país, su depreciación y la discriminación, en pocas palabras “falta de identidad” y con esto no se quiere decir, como piensa Marta Hildebrandt, que todos los peruanos debería saber Quechua, sino que los que lo saben no deben avergonzarse y que debe ser trasmitido de generación en generación por los hablantes nativos sin temor ni vergüenza. Dos notas de esto; primero, para mi abuelo este interés mío ha sido un orgullo que, en estas vacaciones, siempre optó por contar al resto de la familia y usar como tópico de conversación; como él dice cuando un cusqueño que sabe Quechua, conversando con él, evade su uso: “De que te avergüenzas, dime ¿Quién construyó Machu Picchu? Los Incas ¿verdad? Y ¿qué idioma hablaban los incas? Quechua ¿no? ¿entonces?”. Segundo, algo negativo, un comentario de un amigo al que le comenté que estaba llevando clases de Quechua: “Que campesino eres”.

Cuando tenía 8 años y mis padres se mudaron a Lima, en el colegio, lo recuerdo bien, había un chico rubio, alto, blancón, llamado Guillermo, que a sus 8 años siempre me decía con desprecio “Oie Serranito”, “Llama” o cosas por el estilo; simplemente ya no recuerdo que era lo que hacía en ese tiempo, pero estoy seguro de que no me ponía a llorar, ni lo agarraba a golpes o algo así, creo que lo ignoraba y punto. Ahora, con el paso de los años, me he dado cuenta de que eso de ser serrano, limeño, selvático, negro, blanco o cosas por el estilo no nos hacen mejor ni peor persona; al final y al cabo existe una idea de nación que nos engloba a todos: el Perú. Todos los que vivimos aquí somos peruanos e iguales en derechos y deberes; por lo tanto, ni el serrano es mejor que el costeño, ni viceversa.

Pensando en el cariño de mi tía y mi familia; en el dejar una ciudad en la cual todavía se escucha, en el bus, a la gente hablando Quechua sin temor ni vacilaciones; el viernes pasado, al finalizar mi última clase de Quechua y al despedirme de mi tía, no pude contener el llanto al estar, ya, fuera de su casa. Nunca olvidaré este momento de mi vida, estas vacaciones; nunca olvidaré las clases con mi tía, ni su paciencia conmigo, nunca olvidaré su cariño y confianza, pero sobre todo nunca olvidaré sus enseñanzas y este nuevo conocimiento que con tanto amor logró inculcarme en este corto tiempo. Anchata añanchayki Ipalacha.

sábado, 17 de mayo de 2008

Viaje de Ida y Vuelta
















Comenzaré por agradecer al gobierno por la cumbre ALC-UE; luego, agradecer a mis padres por permitirme volver a mi querido Cusco siquiera estos tres días. Un pequeño adelanto de las vacaciones de medio año, que comienzan desde el mes de Julio hasta la mitad de Agosto. Suena fácil decirlo; sin embargo, el tiempo, el estudio, la nostalgia, la falta de mi familia y enamorada y todo es un martirio. Sin embargo, disfrute al máximo estos tres días y es bueno resaltar que me quedan algunas cosas del viaje.

Primero, un hecho triste en mi vida. Mi encuentro con mi abue Elena. Me he dado cuenta cuán frágil es la mente humana, mi abue Elena desde hace ya mucho tiempo comenzó a olvidar sus recuerdos más recientes debido a la enfermedad del alzheimer. Este último encuentro que tuve con ella ha sido motivo de lágrimas para mí; mis anteriores encuentros fueron similares, pero no tan destructivos de mi corazón como el último. Acababa de llegar y fui a la casona de San Andrés, la casa de mis abuelos paternos. Observé a mi querida abuelita sentada en el pasillo del segundo piso tomando sol, subí las escaleras y me senté a su lado a conversar. Poco a poco mi abuelita ha ido perdiendo sus recuerdos; primero, sus bisnietos; luego, sus nietos; y, ahora, sus hijos. Al sentarme lo primero que me dijo fue: “¿Quién eres?” Primer espinazo. Luego, me preguntaba como una niña: “¿Dónde esta mi mamá? No se a donde se ha ido”, segundo espinazo, cómo contestar a esa pregunta, sólo atine a decirle que estaba en otra casa. Escuche lo mismo una y otra vez, al menos unas cuatro veces más, y cuando ya me tenía que ir; tercer espinazo, “¿A dónde te vas?” Esta vez sólo le dije que me iba a estudiar a la universidad y se quedo llorando preguntándome por su mamá y preguntándome, además, por mis tíos abuelos como si aún fueran niños. Luego de esto, se me salieron las lágrimas por que alguna vez, y ese es el último recuerdo con el que me quiero quedar de mi abue Elena, aquella tierna viejecita, que me regalo mi primera cámara y me consintió cuando mis papás se peleaban conmigo, le dijo a mi tía Ruth, Ruchi de cariño, que me dijera para acompañarla para pagar sus cuentas porque era su nieto querido, en el que más confiaba por mi cariño, y me invito, luego, una salteña en el D’onofrio de la avenida el Sol. Ese pequeño recorrido es el más preciado en mi mente y el recuerdo mejor guardado de ella.

Segundo, nunca me había divertido tanto y disfrutado tanto el momento, “carpe diem” como en esta semana. El jueves que llegue, visite a mis papás en sus trabajos y a mis abuelos en casa; almorcé mi comida preferida: una sopa de menestrón y apanado. El viernes, dormí hasta tarde, almorcé doble y en la tarde, salí  a comer Rolos en la calle procuradores y, luego, pizza en casa de mis abuelos en familia. Hoy, sábado, viaje a Pisac y fui con toda mi familia al Hotel Royal Inca. Primero, paramos en el zoológico en construcción de mi tío Lino, leer “Una nueva aventura…”, artículo antiguo, observamos las nuevas adquisiciones y la nueva distribución; luego, comimos las ricas empanadas de queso que se hacen en la plaza de armas de Pisac; y, por último, nos refrescamos en la gran piscina del hotel. Un día para el recuerdo que aún no termina porque, de acá un rato salgo para la discoteca “Izakaya” a disfrutar un rato de diversión antes de partir de nuevo y meterme, nuevamente, a la piscina Lima, porque mi vuelo sale mañana a las 7 de la mañana. Otra vez almorzaré sólo e iré a hacer las compras sólo.

Tercero, y último, es muy fuerte el sentimiento que me da al llegar luego de un tiempo a Cusco y observar los cambios. En mi caso, esta vez observe cambios que poco a poco hace que me sienta raro, esto es algo que nunca había notado hasta ahora. Me siento muy herido, como alcanzado por una lanza con las inscripciones tiempo y sentimiento, atravesado y destruido, pero a la vez me siento muy aliviado, como si me hicieran respirar de nuevo, de ver que las personas más cercanas a mi corazón están bien y no se olvidan de mí. Jamás dejare de amar mi ciudad, mi principio primero. Soy cusqueño y nunca dejaré de serlo. En verdad, muchas cosas en la vida de un simple estudiante universitario.

viernes, 21 de marzo de 2008

Una nueva aventura…













Hace dos días, el calor del Cusco fue increíblemente fuerte. Era un día perfecto para salir a pasear o ir de viaje. Recibí la llamada de mi abuelo a las ocho de la mañana pidiéndome que lo acompañara en un pequeño viaje, a unos quince minutos del Cusco, hasta “Ccochahuasi”, la hacienda de mi tío Lino, donde próximamente habrá un zoológico de animales serranos. Acepté con un poco de flojera, pero hacía mucho tiempo que no salía con mi abuelo y me encantó la idea, porque no conocía hasta ese momento las nuevas construcciones de “Ccochahuasi”.














Nos llevó, exactamente, quince minutos llegar hasta las instalaciones del nuevo zoológico. Mi tío abuelo Lino y su hijo, también mi tío, Dante trabajaban en la oficina, los servicios higiénicos y la guardianía. Estaban pintando la oficina. Mi abuelo, al llegar y estacionar el auto, le mostró a su hermano algunas cosas que habían llevado: tubos, alambre de púas, un cortador de tubos; en fin, cosas que se necesitan siempre. Entre aquellas cosas, mi abuelo bajo también una gigantografía que llevaba una foto de las instalaciones del nuevo zoológico y la foto del papá de mi abuelo y mi tío Lino: el Doctor Jorge Chávez Chaparro, gran biólogo y ex-rector de la Universidad San Antonio Abad del Cusco.














Me sorprendió mucho ver lo avanzado que se encuentra la infraestructura del zoológico. Todo el terreno ya se encuentra cercado con un muro de adobe y techo de paja. Además, la jaula de los osos, la de los pumas y la de los cóndores ya están concluidas. Sólo falta traer los animales, que según mi abuelo es un proceso que demora mucho. Se tienen varias posibilidades como comprar animales, intercambiar con diferentes zoológicos, obtenerlos por donación o acoger los animales que incauta la INRENA de diversas personas que tienen animales salvajes ilegalmente. Por el momento, mi tío Lino cuenta con unas cuantas especies y algunos ofrecimientos de la INRENA y otros zoológicos.

















Luego de pasar ahí una media hora discutiendo acerca de donde debían poner la gigantografía, preguntando por donde iba a ser el camino principal o hablando de los nuevos animales que traerían; además, de ver las seis u ocho alpacas que estaban ahí, nos fuimos a la casa de mi tío Lino, un poco más lejos del zoológico, en Ccochahuasi. Fuimos y lo primero que noté fue tres curiosas aves que parecían patos; sin embargo, mi abuelo me dijo que eran los “gansos serranos” o las “Huayatas” (pido perdón si la ortografía de ésta palabra está mal, pero es una palabra en Quechua y la escribo tal y como la escucho). Luego, mi tío Lino me presento a Pascual, un pequeño zorro que vive por ahora en una jaula de cuyes adecuada. Después, mi tío desapareció y apareció, luego de unos minutos, con una batea azul que contenía un pequeño lagarto: un cocodrilo. Le dijeron que para mantenerlo se necesitaba templar el agua donde viviría y podría crecer hasta tres metros, razón por la cual mi tío anda pensando en buscarle un nuevo hogar.
















Me olvidaba, antes de conocer a Pascual y al lagarto, mi tío y yo pescamos truchas de su pisci-granja, que funciona ya desde hace mucho tiempo, para comer al día siguiente debido a ser semana santa; es decir, tiempo de abstinencia; cabe resaltar que casi me electrocuto con el cerco eléctrico que, según mi tío, estaba apagado. Luego de estar una hora por ahí, nos subimos al carro de mi abuelo y emprendimos ruta hacia el Cusco imperial para ver el partido del Cienciano contra el José Gálvez de Chimbote. Pero aquel viaje, por cierto el último de mis vacaciones, me recordó aquella niñez de aventuras que tuve con innumerables viajes con mi abuelo hacía diversas lagunas, sitios y pueblos de mi querido Cusco.

martes, 11 de marzo de 2008

El Placer de estar aquí…














Estas vacaciones la he pasado de maravilla, lejos de la pesada rutina de estudiante de la Universidad, lejos de los libros de texto y las separatas, lejos del cielo color panza de burro. Es decir, pasé mis vacaciones con un cielo color azul y nubes que parece de pintura, con la lluvia acariciando mi piel, con el frío que entra hasta mis huesos. ¡Feliz! Descansando y reflexionando, por no decir vagueando. Enseñe matemática a una niña muy linda, salí con ella, comimos “salchipapa” tantas veces que perdí la cuenta, hicimos de todo juntos; desde quedarnos dormidos por el cansancio, iluminados por el débil sol que se colaba por la ventana hasta jugar “Pictionary” a la luz de la luna. He de decir que han sido una de las mejores vacaciones de mi vida, quizás por el hecho de volver al Cusco después de haber estado lejos de mi ciudad casi un año. La verdad, no lo sé, pero, en verdad, queda decir que mis vacaciones fueron muy bien aprovechadas. Los tres meses y medio que he pasado aquí me han retornado las ganas de seguir estudiando en mi casa del saber en Lima, donde tengo muy buenos amigos y, gracias a Dios, aún ningún enemigo. Me emociona empezar un nuevo ciclo en la Católica, pero, a la vez, me entristece volver a irme de mi Cusco, nuestro Cusco, mi hogar. Dejar a tantas personas que me quieren tanto como lo son mi familia y amigos. Creo que es hora de volver a la capital y retomar el mismo ritmo de estudio, tratar de conseguir empleo en la biblioteca de la universidad, tener nuevas amistades y aprender más, sobretodo, lo más importante en la Universidad es saber aprovechar la oportunidad de ampliar los conocimientos que uno tiene. En verdad, me alegro de que mucho de saber que mi ciudad no ha cambiado y parece que seguirá así hasta que regrese: igual de linda y acogedora. Nunca había llegado a apreciar tanto a mi ciudad y a su gente, que es mi gente y la gente de todos. ¿Si extraño la Universidad y el estudio? Es una buena pregunta… la verdad es que me emociona el inicio de clases, pero como dije me entristece mucho y eso hace que se opaque mi emoción y cuando estoy allá recuerdo con nostalgia los días que estoy pasando aquí y hace poner muy mal porque en realidad es un placer estar aquí…

Diseño del artista cusqueño Jorge Flores Najar, mi querido Tío.