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viernes, 26 de diciembre de 2014

La Deserción del Líder



Publicado en el "Diario del Cusco" (Página 6 - Opinión), el 26 de Diciembre del 2014
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Por Javier André Murillo Chávez*

Pensemos por un momento en la gran cabeza del ejército de Agamenón en la épica Ilíada: el gran Aquiles; quién en duelo a muerte venció al bravo príncipe Héctor y logró quebrantar la mítica y resguardada Troya. Al momento de pensar en héroes de leyenda como Aquiles o Héctor siempre se nos viene a la cabeza la figura de un tremendo guerrero, con virtudes para el combate, un gran estratega, un hombre muy inteligente y virtuoso, pero sobre todo imaginamos a estos personajes luchando en el campo de batalla junto a sus compañeros de equipo. ¿Se imagina, querido lector, a un Aquiles cargado en andas doradas ordenando a diestra y siniestra bebiendo vino y comiendo uvas atrás de todo el ejército? ¿O cree usted que es posible pensar en Héctor rodeado de concubinas desnudas ordenando a los soldados con su fuerte voz tras las murallas de Troya?

Nuestra idealización de los héroes de la antigua Grecia no permite tales visiones; lamentablemente, en la realidad si es posible observar a la gente de a pie en puestos superiores a otros, nosotros, con estas actitudes. Desde mi punto de vista, cuando una persona es promovida para ocupar un puesto superior a los demás en una empresa o trabajo, existen dos posibilidades. Al estar al mando de un grupo humano y coordinar sus tareas, uno puede ser calificado de dos formas.

Primero, tenemos la posibilidad de estar frente a un simple “jefe”, quien es aquel que tristemente una vez que tiene el poder en sus manos únicamente se dedica a ordenar y coordinar tareas para sus subordinados, mas cree que no debe de hacer trabajo concreto nunca más. Alguna vez fue subordinado y se cansó de serlo, simplemente llegó su tiempo de descanso y ahora en manos de otros está el futuro del trabajo o empresa, pero él o ella sólo “dirige” y rinde cuentas a quien esté arriba.

La segunda posibilidad consiste en estar frente a un verdadero “líder”, quien guía con el ejemplo a sus compañeros (nunca subordinados) y no deja de tener en mente que es un cerebro y mano de obra más del gran grupo de responsables del futuro del trabajo o empresa. Aunque tenga que ordenar, delegar y coordinar las tareas de todos, pues es inherente a su nueva posición, no deja de trabajar para impulsar y transmitir ese espíritu de ánimo a los demás que trabajan junto a él.

¿Cuál es la principal diferencia entre ambos? En mi opinión es el uso de la cuota de poder que uno tiene y las decisiones que toma frente a estas situaciones y las personas que tiene a su cargo. En un caso existe un abuso del poder que se le ha encargado y en otro caso existe un uso ponderado de ese poder. Es muy penoso decir que en el Perú, tenemos muchos jefes y pocos líderes, pero es la realidad. En mi corto tiempo laborando, he tenido la suerte de cruzarme con ambos tipos de autoridad por encima de mí y saber la diferencia en el campo de batalla. Un líder te apoya y defiende, un jefe sólo busca salvar su propia posición negando responsabilidad. He aprendido a odiar a estos “jefes” y a aprender de los “líderes”. Por eso he decidido, por el momento (y este límite temporal debe quedar muy claro), desertar del liderazgo.

Existen diversas reflexiones sobre la actitud humana ante el poder, entre las más antiguas tenemos la historia del anillo de invisibilidad de Giges, relatada por Platón en “La República”; igualmente, esta reflexión actualizada a nuestro tiempo ha sido abordada en torno al anillo único de “El Señor de los Anillos” y los súper poderes de “Superman” o “Spiderman”, por solo dar un par de ejemplos. En todos estos casos la pregunta central es: ¿El poder corrompe a los hombres por más justos que sean o depende de qué tipo de hombre obtiene el poder para ver si es corrompido o no? Yo creo que obtener una cuota de poder siempre pone a uno ante la decisión de qué hacer con él; sin embargo, hasta el más justo de los hombres podría verse tentado por el camino del manejo corrupto del poder.

Desde una postura personal, considero que el poder, en términos laborales, no corrompe, sino relaja y debilita; es decir, ante la posibilidad justificada de delegación de trabajo se puede dejar de lado las funciones lineales que uno tenía para cumplir nuevas funciones de coordinación y dirección, incluso de rendición de cuentas a superiores a uno mismo. Así, el “jefe” utilizará con placer el poder para quitarse de encima algo que nunca creyó suyo; e, incluso, el más grande “líder” en ciertas ocasiones, a pesar de tener la intención de enseñar con el ejemplo, se ve aplastado por la carga de funciones de dirección y coordinación y deja sus funciones principales.

Máximus Décimus Meridius, protagonista ficticio de la película ganadora del Oscar “Gladiador”, encarnado por Rusell Crowe, cuando se le pregunta por qué no se inmiscuye en política como un gran “líder” responde: “un soldado tiene la suerte de ver a su enemigo a los ojos”. La metáfora, como la veo yo, implica que un soldado sabe qué es lo que tiene que hacer y lo hace; un político puede ver sus tareas muy difuminadas, muy vagas, muy generales, y terminar no haciendo nada. Igualmente, un “jefe” termina por dirigir, coordinar y ordenar; sin embargo, cuando termina su periodo en el puesto se pregunta ¿Qué he hecho en realidad? A semejanza, y por todo lo mencionado, es que prefiero ser, de momento, un soldado, el órgano de línea, el peón, el alfil, el chacal, un trabajador excelente que obtiene la experiencia necesaria para guiar cuando tenga que guiar por mérito propio.

Cuando uno obtiene un cargo y se convierte en autoridad gracias a la cuota de poder obtenido, si se convierte en un simple “jefe” se “oxida”; es decir, pierde toda la práctica que tenía en labores diarias o de línea. De esta manera, frente a posibles errores en sus instrucciones, los trabajadores llegan a retarle, discutirle e, incluso, corregirle; si tienes un “líder” al frente probablemente reconozca sus errores y los corrija, pero es la excepción. El “jefe”, en cambio por regla general, se entercará y hasta probablemente cometerá el error por orgullo, y lo peor será que echará la culpa a sus subordinados por el error cometido. En general, las abrumadoras nuevas funciones podrían incluso hacer que el “líder” se pierda la práctica, como hemos apuntado.

En mi opinión, por ahora, los cargos de dirección son cargos “huecos” que no permiten que uno crezca académica o laboralmente. Cuando uno recibe la pregunta qué has hecho tú por la empresa o el trabajo, es bueno poder responder con acciones concretas, lo que haría un buen trabajador o un gran líder; sin embargo, debe ser lo más desagradable del mundo para el alma contestar arrogándose algo que en verdad no se hizo y sólo se encargó a otros. En mi opinión, no está mal ocupar cargos de dirección, pero esto debe hacerse cuando uno realmente esté preparado o cuando se tenga toda la disposición de aprender sobre la marcha porque no hay otra opción, lo cual requerirá mucha virtud, humildad y paciencia. Es mucho mejor reconocer que nos falta para ser líderes que ser jefes corrompidos por la tentación del facilismo a que nos lleva el poder, un “líder” es querido por el respeto, en cambio un “jefe” puede ser hasta temido, pero nunca será respetado.

Agradezco mucho a mis padres, quienes me han enseñado siempre con ejemplo; así, sé que Dios, llegado el momento, me permitirá ser un “líder” responsable y no un “jefe” que opta por el camino del facilismo. Personalmente, creo que una vez obtenida la experiencia necesaria y cuando esté seguro de que podré manejar varias funciones sin caer en la tentación del poder, recién optaré por esforzarme en ser un gran líder, pero nunca un “jefe” porque de esos y esas mediocres ya hay muchos en nuestra Sociedad.



* Abogado del Departamento de Marcas y Derechos de Autor de la Consultora Especializada en Propiedad Intelectual e Industrial Clarke, Modet & Co. Perú. Adjunto de Cátedra en los cursos de Derecho de Autor, Derecho Mercantil 1 y Derecho de la Competencia 2 en la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Abogado por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ex-Director de la Comisión de Publicaciones de la Asociación Civil Foro Académico.

jueves, 24 de abril de 2008

“Racismo y realidad” según la PUCP

Para alguien que aún cree en la constitución y las leyes de nuestro país, como yo, la constitución en su artículo 2 inciso 2 nos dice: “Toda persona tiene derecho: A la igualdad ante la ley. Nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo, idioma, religión, opinión, condición económica o de cualquiera otra índole.”[1] Si analizamos este derecho fundamental de las personas, observamos que se contrapone a la discriminación racial o racismo; a la discriminación por sexo, ya sea machismo o feminismo, en cierta forma, también el homosexualismo; a la intolerancia religiosa o la intolerancia general; a la discriminación por clase o clasismo, y a toda forma de exclusión.

Todos los fenómenos antes mencionados generan problemas en toda sociedad en la cual están presentes. El Perú no es la excepción. El Perú es muy diverso, existen increíbles y gigantescas brechas en todo el país, no sólo sociales, sino políticas y económicas, de territorio, de cultura, de poder, en fin demasiadas brechas. Son tantas las diferencias que el Perú es increíblemente diverso y multicultural. Esta diversidad y tantas diferencias generan los fenómenos negativos de exclusión.

Estamos en la “Semana contra el racismo”. Actualmente, casi todos, sabemos que el racismo esta presente en la nación peruana. Esto me recordó, un antiguo texto que leí hace un año en el curso de Etnicidad, Identidad y Nación con la profesora Cecilia Rivera, en el cual Juan Carlos Callirgos nos habla del racismo peruano. Según sus ideas, el racismo peruano ha estado desde la conquista en el Perú. Además, el racismo peruano se distingue de los demás (otros países) en que se aplica a grandes grupos de personas, es perverso y corrosivo; por lo que, genera mayores efectos desintegradotes en la sociedad. Las principales características del racismo peruano son dificultad de los peruanos de una clasificación racial; existencia, bastante popular, del mestizaje, una posición neutral del racismo; se encuentra acompañado de la lucha de clases y un choque de discursos que genera un conflicto interno en los individuos (unidad - diferencia); existen diversos tipos de racismo que generan más desintegración y desigualdad; afecta a la identidad individual y colectiva; muchas veces se relaciona con el género, el poder político y la clase socio-económica; el discriminador puede pasar fácilmente a ser el discriminado, o viceversa; es herencia de nuestra historia compleja con un largo periodo de colonización; se identifica, muy acentuadamente en la sociedad actual, la identificación entre raza y clase (indio – pobre; blanco – rico); se observan fenómenos complejos como el contra racismo o la auto exclusión, el primero surge como actitud de respuesta; en cambio, el segundo como respuesta de resignación; y, por último, las tres únicas formas de actuar frente al racismo en el Perú: actuar, quejarse o aceptarlo.[2]

Hoy, la Oficina de Promoción Social y Actividades Culturales de Estudios Generales Letras (OPROSAC), con motivo de la “Semana contra el racismo”, realizó la conferencia “El racismo desde los medios de comunicación: propuestas inclusivas”. Como expositores estuvieron presentes el sociólogo y profesor de la facultad de Ciencias Sociales de la PUCP, Santiago Alfaro; las artistas plásticas, Julia Ortiz y Julia Salinas, creadoras de la serie de muñecas “Julita”, un proyecto diferente; y los actores Emilram Cossio y Aldo Miyashiro. Todos hablaron del racismo desde el punto de vista de sus diferentes especialidades. Asistí con mucha emoción y entusiasmo a esta conferencia, no sólo por la presencia de un gran actor como Aldo Miyashiro, sino porque me llamaba la atención en gran manera el tema central de la conferencia: el racismo.














La charla comenzó con la brillante exposición teórica de Santiago Alfaro, con los recursos académicos y profesionales de un gran sociólogo, omito hablar de ellos por la complejidad de datos, que gran parte de la audiencia entendió, pero por el espacio corto de tiempo no se pudieron recoger de manera completa y precisa; por lo que, para no caer en error, evito su mención, pero cabe recordar que fueron muy claros en el contexto.

Luego, expusieron Julia Ortiz y Julia Salinas, creadoras de “Julita”, la muñeca sin rostro, porque el rostro puede ser el tuyo o el de otra persona familiar. Son muñecas creadas por ellas, muy lejos del estereotipo de muñeca; si cabe especificar, muy diferente de una Barbie, empezando por su piel trigueña y sus facciones mucho más reales a la realidad de nuestro país, así como el cabello negro. Estas muñecas no tienen funciones o papeles como los de la Barbie (embarazada, con carro, limpia animales, veterinaria, doctora), al contrario, esta Julita peruana tiene oficios muy distintos como emolientera, vendedora de mercado, prostituta, ama de casa, vendedora de ropa, chica de locutorio, etc. Para mayor información acerca de esta muñeca, visitar el blog de la Julita. A lo que refirieron, en concordancia con los demás expositores, fue a que la existencia del racismo es algo real y observable en la sociedad peruana. Su muñeca nació con el fin de eliminar esos fenómenos de exclusión, señalaron que la belleza no debía ser algo inalcanzable; es decir, la piel blanca, las piernas largas, los ojos azules, las proporciones exóticas y la siempre sonriente Barbie. Como anécdota contaron la sorpresa, cuando se encargo la realización de las muñecas, de la señora encargada por la tez trigueña que debía poseer Julita.

Después, Emilram Cossio habló de su experiencia y su carrera en los medios de comunicación, señalo que, como actor, al principio de su carrera encontró obstáculos grandes porque no se necesitaban papeles de personas de piel oscura, esto, en cambio, últimamente, ha cambiado y ahora puedes encontrar hasta papeles protagónicos con tu rasgo de “negrito” o “cholo” como le decían en el colegio. Y, después, de esto vino la exposición del Aldo Miyashiro que trajo a flote su picardía personal, dijo principalmente, luego de admitir su gusto por haber vuelto al lugar de donde lo botarón, la PUCP, por haber “triqueado”, que el racismo esta presente en la sociedad peruana y luego habló de su experiencia en televisión; es decir, las miniseries como “Misterio”, los nuevos temas en televisión como las barras bravas y sectores no alcanzados, así como el papel de actores mestizos y “cholos”; luego, “La gran sangre”, que presenta como nunca a tres héroes peruanos que se pueden encontrar escondidos dentro de la realidad nacional que tenemos en el momento. Al final, se dio una pequeña ronda de preguntas y luego terminó el conversatorio con la huída de Aldo Miyashiro de las cámaras y papeles con lapiceros que lo rodearon.

Tres puntos a resaltar acerca de la conferencia. Primero, es increíble la cantidad de gente que abarroto el salón de la facultad de Estudios Generales Letras, tanto cachimbos y alumnos regulares. Esto da muestra de la gran responsabilidad por temas sociales de actualidad y mucho interés. Segundo, la charla fue, en mi opinión, demasiado buena, se pudo observar el conocimiento del tema de parte de todos los expositores desde su punto de referencia, claridad en las ideas, dinámica y expositores de alta calidad. Y, por último, lo interesante que fue el tema. Mucho se hablo acerca de lo “cholo”, la exclusión, las experiencias, pero como tema central, siempre, el racismo.

A esto quería agregar algunos datos que me rondan por la mente. En principio, agregar la novela “Que buena raza” y, la muy actual, “La Pre”, ambas televisadas por frecuencia latina, que es un muy buen ejemplo de fomento de la inclusión. Ambas también demuestran el fenómeno de distinción de raza y clase, respectivamente. Al observar como una chica de clase y situación socio-económica alta en ambos casos, se enamora de un chico de clase baja como en el primer caso; o, como en “La Pre”, de un chico famoso en zonas populares y un gran continuador de la labor de su padre, el músico Deyvis Orozco, hijo del gran “Johnny” del Perú, del grupo Néctar.

Luego, recomendar la lectura del post de mi amigo Silvio Campana, titulado “Con la bandera bien peruana”, publicado en el blog de algunos amigos también estudiantes de la católica. Y, publicado en el mismo lugar, el post de otro amigo Paolo Sosa titulado “Habla vas?”. Ambos versan acerca del tema social del Perú. No digo más para despertar el interés en su lectura.

Además, debo citar también, los muy buenos artículos de Gustavo Rodríguez acerca del tema central como lo es el racismo y la exclusión en el Perú, desde su punto de vista de escritor, comunicador y publicista. Escritos en su último libro “Traducciones Peruanas”, los artículos “Los Simpson y lo cholo que soy” y “Queridas tiendas por departamentos” demuestran el interés de este gran profesional y gran escritor acerca de los temas sociales. Diré poco acerca de estos, igualmente para incentivar su lectura. Esta es la primera vez que me empeño en recomendar un libro, créanme está muy interesante. Bueno, acerca del primero nos habla de la idea anteriormente citada acerca de Callirgos: lo difícil que se hace para los peruanos la clasificación racial; y el segundo es una carta a las tiendas como “Saga” o “Ripley” acerca de las formas de exclusión en su publicidad.[3]

Continuando, todo tipo de discriminación, en mi opinión, es mala y no debería existir, coincido con Aldo Miyashiro en que actualmente la sociedad peruana encuentra claros ejemplos de este racismo como, por ejemplo, lugares de entretenimiento a los cuales no se puede entrar con tez oscura: discotecas, restaurantes u cafeterías. Cualquier local que ejerza el racismo debe ser clausurado cerrado. Luego, hablar de lo “cholo”, tema bastante complicado. Es curioso ver en propagandas, según dijo Aldo, a Tongo, a Dina Paucar, a Sonia Morales o al Grupo 5. Sin embargo, no es algo malo, al contrario demuestra inclusión social y es algo bueno. Nadie impone que te guste lo “cholo”, pero tampoco debes excluirlo, sólo se pide tolerancia. Por la realización de esta conferencia, aplaudo, con mucho orgullo por estar en ésta gran universidad, a la PUCP, por dichas iniciativas; a los alumnos responsables como la OPROSAC, por hacerlas posibles; así como, a los protagonistas, como Aldo Miyashiro y las Julitas, en preocuparse y venir a enseñar un poco más desde su experiencia.










Casualmente, hoy, también se inauguró en el coliseo Polideportivo de la PUCP, el año académico de Estudios Generales Letras, con el discurso de Fidel Tubino, actual decano de la facultad ya mencionada y el discurso de Luis Jaime Cisneros, reconocido Lingüista y primer decano de Estudios Generales Letras en la PUCP. Una idea que me queda hasta ahora en la mente fue la que dijo Cisneros en el discurso inaugural, no la cito de manera igual a la que la dijo, pero la idea fue algo así: “Hoy me llaman para hablarles del pasado; sin embargo, yo les hablaré del futuro”. Es totalmente cierto. Aplicando a la realidad y a la vida, queda el mensaje de que debemos preocuparnos en el futuro. Luego, como dijo Aldo Miyashiro, en todos esta la responsabilidad de cambiar la situación actual; por lo que, la tarea de acabar con el racismo está en nosotros y en cada acción que realizamos. Recojo, por último, una frase que encontré en la Internet: “Racismo es como juzgar el valor de un libro por su portada” Anónimo. Primero conozcan antes de juzgar, luego den un juicio racional. Sólo con tolerancia y respeto, entre nosotros, lograremos acabar con las diferencias verticales que existen en nuestro Perú, tan rico y tan diverso.

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[1] “Constitución Política del Perú 1993”. Cesar Landa Arroyo y Ana Velazco Lozada. Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Lima: 2007. (p.17)
[2] “Capitulo IV. El racismo peruano.”. En “El racismo. La cuestión del otro (y de uno)”. Juan Carlos Callirgos. DESCO. Lima: 1993. (pp. 145 – 213)
[3] “Traducciones Peruanas”. Gustavo Rodríguez. Grupo Editorial Norma. Lima: 2008.
(pp. 85 - 86) (pp. 130 – 131)

sábado, 29 de diciembre de 2007

Rehabilitar antes que exterminar: la pena de muerte en el Perú actual


















La pena de muerte, que consiste en la privación de la vida del condenado, está instituida en el Perú sólo para los delitos extraordinarios mencionados en el artículo 140 de nuestra actual Constitución Política de 1993 que dice lo siguiente: “La pena de muerte sólo puede aplicarse por el delito de traición a la patria en caso de guerra, y el de terrorismo, conforme a las leyes y los tratados de los que el Perú es parte obligada” (M.J. 2001a, p.77). Estos tratados, de carácter internacional, a los que el Perú se encuentra inscrito son la Convención Americana sobre Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Asimismo, el Perú aplica en su legislación la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Todos estos tratados mencionan restricciones y limitan la pena de muerte en el Perú con respecto a su ampliación e, incluso, su objetivo es lograr suprimirla.

Pese a las restricciones, en el 2006 se dieron varios proyectos de ley, para la reforma constitucional del artículo 140, con el fin de ampliar la pena de muerte para los delitos de violación de menores seguidos de asesinato, secuestro organizado y, también, corrupción. Estos proyectos de ley, propuestos por diversos congresistas e, incluso, el mismo presiente Alan García, continúan siendo estudiados en el Congreso, en comisiones, sin llegar a ningún acuerdo (C.R. 2007). Revisando y analizando algunos aspectos de nuestra legislación, así como algunos casos previos de aplicación de la pena capital, los proyectos de ley que buscan ampliar la pena máxima, estadísticas al respecto, sus consecuencias y las visiones a futuro, he llegado a una tesis que me gustaría compartir. A continuación, los motivos por los cuales pienso que se debe abolir y no extender la pena de muerte en el Perú actualmente.

El famoso caso del “monstruo de Armendáriz” es uno de los procesos judiciales que ha dejado un sabor a remordimiento sobre la pena máxima en nuestro país. Jorge Villanueva Torres, acusado por el turronero Ulderico Salazar por violación y asesinato de un menor de edad, fue condenado a la pena de muerte en 1957 por el sistema judicial peruano. Después de ejecutar a Villanueva, el poder judicial empezó a dudar de su culpabilidad, y comenzaron a surgir fuertes sospechas acerca del asesinato que implicaban al turronero Salazar (Aguirre 2005). Esto demuestra que la pena capital podría generar, debido a la lamentable ineficacia de nuestro sistema de justicia, errores irreparables, tales como la muerte de personas inocentes.

Otro caso que refuerza mi anterior argumento es el proceso en contra de Stanley Williams. Este estadounidense, quien fue condenado en 1981 a la pena capital por el asesinato de cuatro personas en Estados Unidos, se recuperó increíblemente, según la opinión pública, en el tiempo que estuvo retenido en prisión, jamás reconoció haber sido autor de los crímenes e, incluso, fue propuesto para el premio Nóbel de la Paz debido a la labor social que vino haciendo con jóvenes acerca de los peligros de las pandillas. Sin embargo, Arnold Schwarzenegger, gobernador de California, le negó clemencia y la condena continuó según lo planificado. La ejecución, llevada a cabo el 2005, dejó al pueblo estadounidense gritando una frase bastante significativa: “California acaba de matar a un hombre inocente” (Agencias 2005).

Por otro lado, nuestra Constitución Política establece, en el inciso 1 del artículo 2, el derecho a la vida para todas las personas. Sin embargo, en el artículo 140 del mismo documento, se establece la pena de muerte, que es totalmente contradictoria al artículo antes mencionado acerca de la vida de las personas (M.J. 2001b p.20 y 2001a p. 77), debido a que si le quitas la vida a un condenado por medio de la pena capital, le quitamos también el derecho a la vida. Además, este derecho no solo esta instituido en este documento, también se encuentra en el artículo 3 de la Declaración Universal de Derecho Humanos, en el artículo 6 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y en el artículo 4 de la Convención Americana Sobre Derechos Humanos (C.A.J. 1988, p.101). Así, el Perú al tener en la Constitución esta pena genera contradicciones dentro de su legislación nacional e internacional; por esto, no cabe pensar en la ampliación de esta pena, sino, por el contrario, se debe pensar en quitar esta norma de nuestra carta magna.

Asimismo, para reforzar mi premisa, según el artículo IX del título preliminar del código penal peruano, “la pena tiene función preventiva, protectora y resocializadora. Las medidas de seguridad persiguen fines de curación, tutela y rehabilitación” (Chocano 2004, p.40). Igualmente, la Constitución Política del Perú, establece de manera similar el principio de resocialización del penado en el inciso 22 del artículo 139 (M.J. 2001c, p.77). La condena de privación de la muerte es un castigo establecido en nuestra legislación; si las penas tienen la función de reincorporar al condenado rehabilitado a la sociedad, la pena capital debería reponer, recompuesto, al condenado a la sociedad. Sin embargo, la pregunta es dónde esta la resocialización del criminal con la pena de muerte si ésta le quita la vida que es irrecuperable y le quita, también, la posibilidad de rehabilitarse.

Aparte, si se aplicara la pena de muerte, no es seguro que sea totalmente eficaz en la tarea de prevenir el delito; es decir, que nadie más vuelva a cometerlo. Estadísticas muestran que en Estados Unidos, país que aplica la pena de muerte desde hace mucho tiempo, los ejecutados aumentaron de 1 en 1977 a 98 en el 2000 y bajaron a 60 en el 2005; esto demuestra que la pena de muerte no esta cumpliendo su función de evitar que se prosiga cometiendo el castigado crimen e, incluso, se observa que se incrementa o se mantiene el número de ejecutados, en ves de disminuir (J.V. s/f - a). Por esto digo que la pena de muerte, prolongada su permanencia o si se extiende, tendrá consecuencias negativas.

Del mismo modo, es importante tener en cuenta que la pena de muerte es el reflejo de un sentimiento de venganza que poseen las personas después del daño que hace semejante delito, ya sea que les afecte directa o indirectamente. Por ende, se debe tomar en cuenta que ejecutar a un condenado no compensa los daños causados, por esto la extensión o la permanencia, así como la aplicación, de la pena de muerte en nuestra legislación generaría solo asesinatos vengativos. Asimismo, retenerla o ampliarla para más delitos generaría grandes problemas hacía el Perú, debido a los tratados internacionales anteriormente mencionados, y, también, provocaría una gran desconfianza internacionalmente por la tendencia existente a favor de abolir la pena de muerte a nivel mundial, basándome en que, actualmente, 125 países alrededor del globo han dejado de aplicar la pena máxima (J.V. s/f – b [E.C.]).

Por otro lado, analizando el proyecto de ley 00282/2006-CR propuesto por la bancada aprista para la extensión de la pena de muerte para el caso de violación sexual de menores de edad seguida de asesinato, ésta nos dice lo siguiente: “La idea de justicia se mantiene en la comunidad que rechaza la violencia, y por tanto, condena las consecuencias que la injusticia conlleva.” (C.R. 2007). Menciona que la comunidad y la idea de justicia rechazan la violencia; sin embargo, irónicamente, matar a una persona es un signo de violencia extrema, debido, en parte, a los métodos crueles para aplicarla como lo son el fusilamiento, la horca, la cámara de gas o la inyección letal, entre otros; por lo tanto, la pena de muerte es la condena más violenta a nivel universal. Esto demuestra una grave contradicción y un gran error en la argumentación del proyecto de ley que se encuentra en proceso de análisis en el Congreso.

Para reforzar más mi opinión, otra parte de este mismo proyecto de ley, refiriéndose al “ilimitado” poder del Estado para poner orden en la sociedad, menciona lo siguiente:

“El Estado es responsable ante la población por la protección de los derechos de los ciudadanos y el mantenimiento de la justicia y el orden público. En ese supuesto, el Estado se encuentra no sólo facultado, sino en obligación de imponer medidas efectivas para garantizar la paz social cuando ésta se vea vulnerada, lo que incluye el poder de quitar la vida humana en aquellos casos donde el no hacerlo constituye no únicamente un claro peligro para la sociedad, sino una violación vigente y continuada.” (C.R. 2007).

Como apreciamos, según este fragmento del proyecto de ley, el Estado puede atropellar cualquier derecho, como el derecho a la vida, con tal de realizar sus funciones. Por esto, “El fin justifica los medios” es la frase perfecta para describir el invalido argumento que defienden estos congresistas según este pedazo del texto original del proyecto. También nos dicen en otro fragmento lo siguiente: “Nadie acepta que la pena capital deba ser ilimitada y, por ello, es que debe ser aplicada para casos que revisten considerable importancia en atención de la dimensión del delito cometido” (C.R. 2007). A pesar de que se dice, en el proyecto, que debe ser aplicada a casos excesivos, hay más de tres proyectos en estudio, en el Congreso, para su posible ampliación a delitos como secuestro o corrupción.

Como podemos observar, la pena de muerte posee muchas deficiencias al estar instituida o al tratar de extenderse en nuestro país. Esta puede generar la muerte de una persona inocente, generar contradicciones en la legislación peruana, tener consecuencias desfavorables para nuestro país nacional e internacionalmente, y su ampliación, según la justificación brindada por la bancada aprista, posee muchas contradicciones y errores. La pena capital, por tanto, puede generar errores irremediables, provocar inestabilidad en las leyes, crear conflictos al Perú a nivel internacional y, sobre todo, ser injusta. Todo esto demuestra que se debe quitar la pena máxima de nuestra Constitución, en ves de tratar de ampliarla. Además, en todas estas consecuencias, el Estado es el que se gana las críticas y los problemas. Como dijo el antiguo sabio filósofo griego Sócrates: “Es peor cometer una injusticia que padecerla porque quien la comete se convierte en injusto y quien la padece no” (Jordà 2001).

Bibliografía

Ministerio de Justicia del Perú (M.J.)
2001a “Artículo 140 de la Constitución Política del Perú de 1993”
en Constitución Política del Perú y Tratados sobre Derechos Humanos.
Lima: 2001 p.77

2001b “Inciso 1 del artículo 2 de la Constitución Política del Perú de 1993”
en Constitución Política del Perú y Tratados sobre Derechos Humanos.
Lima: 2001 p.20

2001c “Artículo 139 de la Constitución Política del Perú de 1993”
en Constitución Política del Perú y Tratados sobre Derechos Humanos.
Lima: 2001 p.77

Congreso de la Republica del Perú (C.R.)
2007 “Proyectos de Ley (Período 2006-2011)” en Página Web del Congreso de la
República del Perú. Consulta: 13 de Junio del 2007.
<http://www2.Congreso.gob.pe/Sicr/TraDocEstProc/CLProLey2006.nsf>

AGUIRRE, Katia
2005 “El ‘monstruo’ que fue al paredón pese a las dudas” [en línea].
Página Web del Diario “Perú.21”. Septiembre. Consulta: 13 de Junio del 2007.

AGENCIAS – San Francisco
2005 “California ejecuta al condenado a muerte al que Schwarzenegger negó clemencia”
[en línea]. Página Web del Diario “El País”. Diciembre.

Comisión Andina de Juristas (C.A.J.)
1988 Normas internacionales sobre Derechos Humanos. Lima: Comisión Andina de Juristas.

CHOCANO, Reiner
2004 Código penal. 5ta Edición. Lima: Editora Jurídica GRIJLEY.

Justicia Viva (J.V.)
En la Página Web del consorcio Justicia Viva.
<http://www.justiciaviva.org.pe/penademuerte.htm#articulos_opinion>

s/f - a “Número de ejecuciones en EEUU” en Especial de Pena de muerte. Página Web del consorcio Justicia Viva. Consulta: 13 de Junio del 2007.
<http://www.justiciaviva.org.pe/penademuerte/cuadros_estadisticos/ejecuciones_usa.doc>

s/f – b [E.C.] “Gráfico contracorriente sobre los países abolicionistas y los que no lo son” citado del diario “El Comercio”. Página Web del consorcio Justicia Viva. Consulta: 13 de Junio del 2007.
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JORDÀ, Vicent
2001 “Frases de Sócrates” [en línea]. Proverbia.net. Consulta: 13 de Junio del 2007.
<http://www.proverbia.net/citasautor.asp?autor=933&page=2>

Diseño del artista cusqueño Jorge Flores Najar, mi querido Tío.