viernes, 9 de mayo de 2008

Habla ¿Cuánto quieres?












Hoy fue la tercera vez que paran al bus en el que voy camino a la universidad y observo con indignación como un policía le pide “la chiquita” al conductor o, por no perder más tiempo, el conductor le ofrece la “solución por lo bajo” y como el boletero baja y le entrega su “comisión” para evitar la gran multa y todos los problemas que acarrean ese hecho. Sin embargo, hoy me llamo la atención la actitud de un señor de avanzada edad que al pasar el tiempo y al seguir el carro detenido se asomo a la ventana del conductor y le dijo: “estoy apurado”, luego una señora grito a viva voz: “Se les ocurre hacer esto a esta hora, no frieguen”; luego el señor perdiendo la paciencia e impulsado por lo que dijo la señora, gritó una de las peores deficiencias que tiene el Perú: “Apura púes, ¿Cuánto quieres?”.

Observé la escena y me vinieron a la mente, en abstracto, las palabras “soborno”, “corrupción” e “inmoralidad”. Era una clara escena de soborno a la autoridad, pero aún me queda la duda de quien dio la iniciativa; sin embargo, ambos son culpables el incitador y el receptor. Casos como estos demuestran la fuerte corrupción interna en la sociedad; además, de la clásica corrupción en las instituciones del Estado. La base de principios morales ha sido reemplazada por la inmoralidad que soluciona los problemas al instante. Poco a poco la cultura de la corrupción se va haciendo común en todos los espacios de la sociedad.

Personalmente, cuando yo veo una escena como esta me siento totalmente decepcionado. Decepcionado de un país en el cual, una parte de los ciudadanos aún no entiende que promoviendo la cultura de la informalidad y la inmoralidad nos retiene como tercermundistas y no nos deja progresar con fines de ser un país fuerte y de buena imagen. Un policía tiene la función de proteger a la ciudadanía frente a la delincuencia, mantener el orden de la sociedad en general, evitar el daño que se pueda causar a los ciudadanos y siempre mantener la calma frente al peligro de las calles, pero que imagen puedes tener al ver un policía aceptando “coimas” diariamente. Se muestran tantas cosas buenas en la televisión acerca de la policía que se atrapó a tales delincuentes, que se hicieron controles de autos en las principales avenidas, que se multo a muchos taxistas por no tener el soat. Todo esto se ve opacado por las acciones de unos cuantos policías que dejan mal la imagen de su institución y la de nuestro querido y maltratado país.

Aclarando un poco el asunto, no estoy dando mi opinión de que la policía sea una institución corrupta e inmoral. Sólo que algunos miembros de las fuerzas del orden en nuestro país, como ya dije, destrozan la imagen de los buenos policías que existen en nuestro territorio. Y esto no es un problema que sólo se observe en la institución policial, se da a nivel de toda la sociedad y el Estado. Los tipos de corrupción que podría citar son el típico soborno, pago de dinero informal por un beneficio; la apropiación de bienes o dinero que no es nuestro, esto incluso puede ser robo; el fraude, de pequeña dimensión o gran dimensión, la extorsión de las personas ya sea por medios violentos o amenazas y favoritismo, beneficiar a personas conocidas o familiares. Todas estas formas tienen ejemplos en un medio cercano. Por ejemplo, tenemos el caso citado, los grandes fraudes de supuestas empresas que ofrecen más de lo que pueden dar en verdad y al final no te dan nada, cuando se extorsiona a alguna autoridad para lograr beneficios en algo amenazando con mostrar incriminaciones y, el ejemplo más popular, es el favoritismo en concursos, admisiones, largas colas, etc.

Resumiendo, una sociedad con corrupción por todos lados no puede progresar. Como puede esta gente corrupta aspirar y denunciar la corrupción si ellos no comienzan por cambiar y dejar de actuar de manera incorrecta. Cada vez que veas recibir o entregar dinero ilegalmente, cada vez que alguien se “cole” en la fila, cada vez que alguien haga pasar privilegiadamente a sus conocidos cuando otros estén esperando pacientemente, cada vez que veas a una persona con necesidad de dinero que quiera venderte algo deteriorado o falso por un precio mayor a su valor real o cada vez que alguna persona extorsione a otra persona, ponte a pensar que estos actos denigran la imagen del Perú y nos destruyen por dentro porque la costumbre a este tipo de acciones es lo más peligroso: la incorporación de la corrupción, como costumbre, a la vida cotidiana y junto a esto la falta de sanción real y la falta de sanción de parte de la sociedad. Entonces, reflexionemos un poco y pensemos: en la sociedad que palpamos todos los días ¿En realidad el Perú está progresando?

2 comentarios:

Cátedra Judicial dijo...

Javier:
Una de las formas de luchar contra lo que tú viste, es nunca perder la capacidad de indignarse, ella hace que lo hagamos notar y lo pongamos sobre la mesa. Si perdemos la capacidad de indignarnos, entonces, todo estará perdido porque todo nos será indiferente, incluso la corrupción
Tu padre

André Ramos Chacón dijo...

Hay de todo en la villa del señor.

Yo no soy un patriota ni tampoco un buen ciudadano. Pero sí que hay razón en esto. Es un cáncer que, creo yo, siempre ha estado presente y siempre, de alguna manera, lo estará, por que no parece que se merezca más ¿O sí?


Diseño del artista cusqueño Jorge Flores Najar, mi querido Tío.