martes 31 de enero de 2012

El Derecho a la Verdad

Fotografía de la Colección Yuyanapaq

Publicado en el "Diario del Cusco" (Página 6 - Opinión), el 31 de enero del 2012.
Por: Javier André Murillo Chávez
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Yo nací en una época donde el terrorismo aún se encontraba en las calles y los traumas se encontraban en el corazón de la gente, incluida toda mi familia. Tuve la suerte de no tener conciencia en esos años para vivir, o más bien dicho sufrir, todo lo que hicieron en aquellas épocas los miembros de ese demonio llamado “Sendero Luminoso”; sin embargo, escuché, leí y aprendí por mis padres, abuelos y, finalmente, por mi Universidad lo que significó aquella época.

Tengo a mi costado, mientras escribo estas líneas, mi libro “Hatun Willakuy”, la versión abreviada de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, que he revisado para distintos artículos y trabajos; así como para ejercer mi Derecho a la Verdad. ¿Qué es esto? Dejemos que nuestro Tribunal Constitucional aclare esta duda:

“(…) el Derecho a la Verdad, en su dimensión colectiva, es una concretización directa de los principios del Estado democrático y social de derecho y de la forma republicana de gobierno, pues mediante su ejercicio se posibilita que todos conozcamos los niveles de degeneración a los que somos capaces de llegar, ya sea con la utilización de la fuerza pública o por la acción de grupos criminales del terror. Tenemos una exigencia común de que se conozca cómo se actuó, pero también de que los actos criminales que se realizaron no queden impunes. Si el Estado democrático y social de derecho se caracteriza por la defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad, es claro que la violación del Derecho a la Verdad no sólo es cuestión que afecta a las víctimas y a sus familiares, sino a todo el pueblo peruano. Tenemos, en efecto, el derecho a saber, pero también el deber de conocer qué es lo que sucedió en nuestro país, a fin de enmendar el camino y fortalecer las condiciones mínimas y necesarias que requiere una sociedad auténticamente democrática, presupuesto de un efectivo ejercicio de los derechos fundamentales. Tras de esas demandas de acceso e investigación sobre las violaciones a los derechos humanos, desde luego, no sólo están las demandas de justicia con las víctimas y familiares, sino también la exigencia al Estado y la sociedad civil para que adopten medidas necesarias a fin de evitar que en el futuro se repitan tales hechos” (Fundamento 17 de la STC EXP. N.°  2488-2002-HC/TC).

Así, este es un derecho, pero sobre todo un deber. Un deber que tiene todo peruano de enterarse de su pasado y el de su país; deber mucho más fuerte para aquellas personas que osen hablar del tema y emitir una opinión al respecto. Es por esto, que es indignante el surgimiento de grupos que profesen o, simplemente, apoyen las bases e ideologías del Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso, dígase Movadef y cualquier otro análogo que pueda surgir. Estos grupos no deben ser calificados sólo como un desfase histórico en la evolución social de nuestro país y su gente; sino que debe ser denominado como lo que es en realidad: la materialización pura de la ignorancia en la que vive la población joven del Perú.

El Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, en mi opinión crítica, tiene errores propios de la limitación que su propia misión traía consigo. Un ejemplo es la denominación incorrecta de “grupos subversivos” a grupos terroristas organizados que vociferaban luchar contra el gobierno a nombre del pueblo, pero que, en realidad, terminaron masacrando al pueblo por el que decían pelear de las maneras más crueles que uno pueda imaginar. De esta manera, por más críticas que se le pueden hacer a la Comisión de la Verdad y Reconciliación – sólo siempre y cuando estén fundamentadas-; no se puede negar el importante valor que tiene este informe al ser un documento de referencia histórica, investigada durante mucho tiempo y con mucha cautela, sobre lo que pasó en aquellos días del terror colectivo.

Como lo dije al inicio y recalco, si bien no viví aquella época aprendí por mi entorno (familia y estudios superiores) lo que significó ese aspecto tan tenebroso e infeliz de la historia de nuestra patria. Recuerdo, sólo a modo de ejemplo, las historias narradas por mi abuelo Víctor Manuel acerca de la violencia que se vivió en la ciudad del Cusco, de donde provengo: como en la época más violenta del terrorismo, cuando mi querida madre se encontraba estudiando en el Colegio María Auxiliadora que quedaba a cuadras de la plaza de armas del Cusco, él tuvo que vivir la trágica experiencia de llevar a mi mamá corriendo, cargada en brazos, en medio de un tumulto y caos con explosiones que se llevaban a cabo en plena plaza principal de la ciudad; de igual manera, cuando lo secuestraron por unas cuantas horas en su propio carro llevándolo a las afueras de la ciudad encañonado y esposado, para luego robarle y abandonarlo; así como cuando a pocas aulas de la suya cuando ejercía de profesor en la Universidad San Antonio Abad del Cusco, mataron a un colega suyo en la Facultad de Ingeniería.

Así, aunque en Cusco se producían menos actos de terrorismo que en otras zonas de la sierra como Ayacucho, siempre existía el peligro de encontrar coches-bomba en cada esquina, grescas en cada calle; se vivía con miedo por los perros muertos colgados en cada poste, las pintas y banderas rojas alabando al “presidente gonzalo” o  venerando al “PCP-SL”. Fueron tiempos difíciles que muchos de mi generación nacidos al final de esta época de conflicto o posteriormente desconocemos.

Debemos recordar que en aquella época ocurrieron diversos atentados masivos en la sierra de nuestro país como el perpetrado en Lucanamarca –Ayacucho- donde se eliminó a 69 personas incluyendo mujeres y niños. Sin embargo, al Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso no le basto, actos como ese fueron el inicio. Así, Sendero Luminoso empieza a efectuar los diversos atentados en Lima, la capital, siendo el más fuerte el ocurrido en la calle Tarata en el distrito de Miraflores, donde hubo más de 20 muertos y más de 100 heridos; en nuestro país centralizado, tuvo que ocurrir esto para que se comience la búsqueda y ataques selectivos a este grupo terrorista.

Otro aspecto importante de la historia es que si bien el principal responsable de todo el conflicto es el Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso, debemos recordar que no sólo hubo actos de violencia desmedida por parte de los terroristas, sino que también las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional cometieron actos que pueden ser denominados como “violaciones a los Derechos Humanos” (violaciones sexuales, masacres de sospechosos, tortura, etc.); sin embargo, cabe también analizar, aunque no sea justificante, la precaria situación en la que tenían que enfrentarse estos hombres a terroristas confundidos entre la población, sin contar con una preparación mínima para controlar una situación de tal magnitud.

De igual manera, no debemos olvidar que hubo tres gobiernos (Belaunde, García y Fujimori) en los cuales se cometieron más errores que aciertos en materia de gestión pública y táctica antiterrorista. Así como al gobierno del APRA le tocó vivir la peor parte del conflicto –sumado a su pésima gestión por la hiperinflación y la terrible política de estatización-, el corrupto gobierno del dictador Fujimori fue el que cometió más abusos con la táctica de combate selectivo –teniendo como ejemplos la matanza de La Cantuta y Barrios Altos- (los cuales conocí leyendo el libro “Muerte en el pentagonito” de Ricardo Uceda) cobrando la vida de muchos inocentes.

Todos estos datos quedan en la memoria de los “viejos”, el poco interés de parte de los jóvenes en nuestra historia es predominante; esto me hace pensar que las generaciones siguientes, en su totalidad, simplemente no sabrán nada de lo que pasó y los grupos como el Movadef seguirán apareciendo, tratando de entrar al ordenamiento legal encubiertos usando la ignorancia de los jóvenes, así como cuando Abimael Guzmán uso los centros educativos para reclutar a sus simpatizantes de entre los más jóvenes en los ochentas.

23,969 peruanos muertos o desaparecidos identificados, en base a testimonios, y 69,280 peruanos muertos o desaparecidos, estimados en base de cálculo sistemático, son las cifras que otorgó el informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación; si se piensa bien –aunque sean datos con un margen de error- es un número inimaginable de muertes y, peor aún, desapariciones. Han sido muchísimos los atentados e, incluso, quedan historias que ya están en el olvido por la falta de evidencia. Los grupos como el Movadef surgirán de este olvido, ocultando su verdadero sentido y encubriéndose en formas legales. Debemos entender nuestro pasado para comprender nuestro presente y mejorar en el futuro. La desinformación y el olvido son la gran amenaza actualmente, sólo nos queda ejercer el Derecho a la Verdad para combatir ese repugnante episodio de la historia del Perú y lograr que nunca se repita.

Fotografía de la Colección Yuyanapaq

jueves 8 de diciembre de 2011

Mi paso por el Daly, Otero & Flórez



La Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú te plantea el requisito de hacer un año de prácticas pre-profesionales; este año asumí el reto de empezar a completar el año que se me exigía. Finalmente, terminé realizando sólo seis meses y medio de esta tarea por lo complicado de los horarios de la Facultad y por el horario requerido para un practicante de área procesal de algún estudio.

Cuando un alumno deja de serlo y se convierte en un alumno practicante pre-profesional se ve inmerso en un cambio de paradigma muy complicado; es el paso del dúo “universidad-vida sociofamiliar” a “trabajo-universidad-vida sociofamiliar”; y, en cada caso más complicado, mayores responsabilidades, como en mi caso: “trabajo-universidad-vida sociofamiliar-extracurricular”. Sí, este año fui practicante pre-profesional del área procesal de un estudio de abogados -el Estudio Daly, Otero & Flórez-; llevé cuatro cursos nada fáciles de cuarto y quinto ciclo en la Facultad de Derecho de la PUCP; fui un hijo, enamorado y amigo provinciano cuzqueño que vive lejos de su familia, que intenta llevar bien todo; y, además, fui Director de la Comisión de Publicaciones de la Asociación Foro Académico, un trabajo para nada simple y muy reconfortante.

En este caso, hablaré de mi paso por el Estudio Daly, Otero & Flórez; tiempo que marcó mi vida y que no podía dejar pasar sin dedicarle algunas líneas. Especialmente sabiendo que muchos en el estudio son lectores de este espacio personal.

Llegué al estudio Daly “sin querer queriendo”; en realidad, había postulado, para empezar a practicar, a algunas de las opciones que me ofreció la Bolsa de Trabajo de la Universidad y un buen día llegó la llamada de Milagritos, secretaria del Daly, quien me citó a la “Av. Garcilazo 2410 en Lince, altura de la cuadra 7 de Javier Prado Oeste”. Nunca había escuchado de este estudio, pero eso no quitó mis ganas por la postulación y la entrevista.

El día de mi entrevista me preparé para las clásicas preguntas de “¿En qué te quieres especializar? Dime tres defectos y tres virtudes, ¿Cuánto te falta para egresar?, ¿Por qué estudias Derecho?”, etc. Sin embargo, el Doctor Juan Carlos Puertas, quien sería mi jefe por casi siete meses, me entrevistó de una manera muy peculiar… “Veo que estas entre cuarto y quinto ciclo, bueno entonces dime ¿Qué es un negocio jurídico? (2do ciclo), ¿Cómo se constituye una hipoteca? (2do ciclo), Dame la diferencia entre una cesión de derechos y una subrogación (3er ciclo), ¿Cuáles son los métodos de resolución de un contrato? (4to ciclo)”. Ante esto pude contestar casi todas las preguntas y agradecí tanto a Dios como a mis padres por permitirme estudiar en la mejor Facultad de Derecho del Perú.

Luego de la entrevista, descubrí el Daly. Un estudio pequeño, en el sentido de “familiar”, en crecimiento. Un estudio ideal para cualquier estudiante que quiere empezar sus prácticas aprendiendo; un estudio en el cual siempre hay algo que hacer; un estudio en el cual podías conocer a todos sus miembros. Muy diferente a cualquier boutique legal donde conoces sólo la fotocopiadora, tu escritorio y a los cinco “gatos” de tu área.

Fue una decisión mía, a pesar de estar contra la opinión de mi padre, empezar a practicar en el área procesal de un estudio de abogados; desde el punto de vista general, el área más “warrior” para un practicante pues se necesitan diversos conocimientos sustanciales y formales; de igual manera, se pueden tener que realizar diversas tareas de procuración, nada más ni nada menos que, en Lima, la capital, donde hay un clima espantoso y existen más de 15 distritos judiciales separados por más de 30 minutos de camino en diferentes buses e, incluso, en moto-taxis.

Estudiar y trabajar es el reto más difícil que me ha tocado enfrentar; sin embargo, salí ileso del mismo: un promedio aceptable y sólo un par de errores en mi primera práctica pre-profesional. Debo señalar que aprendí mucho en esta práctica, tanto derecho civil como derecho procesal; he comprobado en carne propia lo completa que es una práctica en procesal, pero, también he descubierto que no podría dedicarme toda mi vida a esta área.


En verdad, este año será inolvidable gracias al Daly. Agradezco mucho a todos los que me enseñaron en esta primera gran experiencia profesional que tuve. Agradezco al Doctor Juan Carlos Puertas, mi jefe, por encargarme hacer una demanda o un informe desde el inicio, y no simplemente sacar copias u ordenar expedientes; por compartir su interés por el Derecho Procesal conmigo y enseñarme su experiencia en esta área, así como en la labor profesional y ética de un abogado. Luego de un tiempo, en mi clase de Teoría de la Prueba, un curso electivo de procesal en que tuve que juntar varios conocimientos de procesal, entendí que cada exigencia, dato, consejo e, incluso, cada llamada de atención valieron la pena.

Agradezco mucho a Benito, procurador del área, quien me enseñó muchas cosas de la calle que jamás hubiera aprendido sólo; por siempre estar dispuesto a alegrarnos la tarde con sus ocurrencias y chistes, que fueron un gran alivio ante el estrés de muchos días. Por enseñarme que el Derecho consiste en “buscar justicia maestro”, nada más.

Agradezco también al Doctor Alex Carnero por compartir los temas de mi interés de su área: Propiedad Intelectual y Competencia, como Contratos y Protección al Consumidor; por sus consejos y su gran apoyo tanto anímicamente como académicamente. También debo agradecer a los doctores Ricardo Otero y Germán Flórez, socios del Estudio, que siempre me ayudaron cuando tuve alguna duda en su estudio.

De igual manera, agradecer por esta experiencia a mis queridos amigos Brian, Gustavo, Chino, Felipón, José, Pili, Milagritos y el Chino 2; pues sin ustedes mi estancia en el Daly no hubiera sido lo mismo.

Estoy muy ansioso de ver que me depara mi futuro profesional; sin embargo, por el momento, he decidido concentrarme en mis estudios para poder terminar de manera sobresaliente los mismos; después de haber analizado a profundidad el sistema de calificación de la Facultad de Derecho de la PUCP y el desfasado plan de estudios, he llegado a la conclusión de que es imposible terminar en seis años la carrera, uno de los motivos es la imposibilidad de llevar siete cursos por ciclo, como esta previsto, con los mejores profesores y sobrevivir en el intento, esto es mucho más difícil si se practica, debido al excesivo horario requerido para el trabajo. Nunca olvidaré mis días, semanas y meses en el Daly, pero por ahora sólo debo estudiar…

domingo 2 de octubre de 2011

Cuando un Cuzqueño estuvo feliz en Lima



“En un beso, sabrás todo lo que he callado”
Pablo Neruda (1904-1973)

Siempre lo escuche, me negué a creerlo, pero ahora lo entiendo. La felicidad es temporal. Se alcanza por momentos, hasta puede consistir en periodos de tiempo (algunos más cortos, otros más largos); sin embargo, nunca puede ser permanente. Esos momentos y periodos hacen que la vida valga la pena. Estas líneas son personales y, sí, tenía que escribirlas; me gusta escribir sobre mi vida y como me siento, es lindo poder volver empírico un sentimiento con algunas palabras que intentan reflejar que es lo que siento en mi vida y sentir que tocas la elevada idea misma de “felicidad” al leer luego lo que has escrito.

Es difícil escribir cuando uno lo hace con el corazón. Pido perdón si con estas palabras no llegó a expresar todo lo que significan mis sentimientos, pero, como alguna vez leí, la realidad siempre excede al lenguaje que intenta plasmarlo; con más razón, los sentimientos exceden, por mucho más, las palabras con las cuales uno puede intentar describirlos.

Te Amo.

Desde que llegué a Lima nunca me gusto esta ciudad, para ser sincero, hasta ahora no me gusta; sin embargo, estar contigo hace que mi estancia aquí sea una aventura, a cada momento, en la cual he descubierto que puedo ser feliz. En resumidas cuentas y lo que quiero decir, en realidad, es que tú eres mi felicidad.

Tengo la gran fortuna de haberte conocido. Soy feliz contigo. Estoy seguro que lo nuestro va en serio pues nuestra historia tiene sus cimientos de bases muy solidas que nos costaron mucho esfuerzo y por eso es que nuestra historia es tan especial y es por eso que la valoramos más que nada. Así, si algo hubiera sido distinto no hubiésemos podido estar juntos como lo estamos ahora. Sinceramente, no me imagino la historia sin haber cometido los mismos errores, sin haber conseguido los mismos logros, sin haber sido lo que fuimos.

Yo he encontrado la fuente de mi felicidad en ti, corazón. Le doy gracias a Dios por el 25 de Octubre del 2010, el día en que te conocí. Desde ese momento, mis periodos de felicidad no se han interrumpido y vivo al máximo mi vida, contigo. La casualidad no existe, tu destino y el mío es estar juntos. Tú completas mi vida, completas mi corazón; no quiero a nadie más que a ti, tú eres la única que tiene ese efecto en mí.

Comencé esta aventura con vocación de permanencia, con ganas de estar contigo hasta el final. Estoy feliz de saber que compartimos el mismo sentimiento y tengo el orgullo de decir que esta es única relación por la cual sería capaz de dar la vida. Grande fue mi alegría cuando me dijiste que tu lugar preferido es mi corazón y que nunca vas a salir de ahí. Ese fue el mejor momento de mi vida universitaria, tú y yo somos lo mejor de mi vida universitaria, tú eres todo para mí.

Es muy lindo hacer feliz a otra persona y yo soy más feliz cada vez que te hago más feliz a ti. No dudes en pedir ayuda cuando la necesites, yo estaré siempre para ti. Algo que quiero que quede claro para ambos es que ya no existe sólo Javier o sólo Claudia, ahora somos uno solo, y tus fines se han convertido en los míos y los míos en los tuyos; de esta manera, tu felicidad es la mía y la mía, espero que sea la tuya.

Al estilo Vargas Llosa, digo: el Perú es Claudia, esa chica tan linda que me recibió con una sonrisa el día que le pregunté ¿Quieres estar conmigo? Mi vida sería un laberinto de problemas y desorden sin ti. Al estilo de Jack Nicholson en “Mejor Imposible”, you make me want to be a better men; y es cierto, contigo siento que debo mejorar, siento que debo ser perfecto, siento que lo que escribo tiene que ser trascendente; mi meta es ser el hombre que tú quieres.

Este cuzqueño nunca ha sido feliz en la capital hasta ahora; el motivo de mi felicidad es poder ser parte de tu vida. Me siento completo gracias a ti. Nunca antes me había sentido así. Este amor es importante para mí, quiero que lo sepas. Nunca había tenido tantas expectativas de una relación como ahora las tengo. Quiero que dure para siempre, quiero estar a tu lado por todo el tiempo que me queda en esta vida.

No sabes cuánto te amo y sé que estas líneas no han llegado a expresar todo lo que siento por ti. Sin embargo, sé que tú, en el día a día, sientes cuánto te amo; eso es mejor que mil palabras.

Es verdad, los momentos de felicidad existen, los periodos de felicidad también; sin embargo, una vida completamente feliz, no. Eso no impide que, como lo dije al inicio, la felicidad, a pesar de ser siempre temporal, pueda alcanzarse. La misión más grande que tiene el ser humano es perseguir que aquellos momentos de felicidad sean los más largos en nuestras vidas. Gracias por existir, Princesa.

Diseño del artista cusqueño Jorge Flores Najar, mi querido Tío.