sábado, 29 de diciembre de 2007

Corazones en espera

















En esta oportunidad escribe un cuzqueño de nacimiento y de corazón que; sin embargo, se encuentra escribiendo este pequeño artículo desde la triste, fría y húmeda capital, por motivos de fuerza mayor: el estudio. Me encuentro aquí estudiando para lograr un “buen futuro”, según dicen. Desde Julio, vivo con un amigo que conozco desde el colegio, mi mejor amigo para aclarar, en su departamento ubicado en el décimo piso de un edificio ubicado, a su vez, en una transitada avenida limeña. Hace poco tuvimos una reunión de promoción improvisada en el departamento de mi querido amigo Jaffet, donde vivo, y llegamos a ser nueve los que nos reunimos en la Capital lejos de nuestro antiguo colegio en el Cusco, faltando algunos que no pudieron venir. Por eso es que me di cuenta de que somos muchos los cuzqueños y si queremos generalizar como comúnmente lo hacen los limeños, somos muchos los provincianos que nos encontramos estudiando en la Capital o en otras ciudades del país para lograr un “mejor futuro”, según dicen. El tiempo que llevo aquí me ha demostrado que no hay lugar como el hogar y la tierra donde uno nace, cada persona se encuentra familiarizada y encariñada con sus calles, sus barrios, sus plazas, sus lugares; además, sus amigos, su familia e, incluso, el amor de su vida pueden encontrarse ahí en su tierra. Todo esto es lo que dejamos, lo que sacrificamos, lo que en Economía, curso que llevo actualmente, se llama el costo de oportunidad de “buscar un mejor futuro”, según dicen. Personalmente, extraño a mi familia, la cual debe estar muy preocupada y atenta por mi; a mis amigos y, en general, también extraño mi ciudad, mis calles y su tan linda Plaza de Armas, que me llena de recuerdos y lagrimas cuando la veo en algún noticiero capitalino. Puedo asegurarles que, sentimentalmente, es muy distinto bajar de un décimo piso que cruzar el verde patio de mi casa en Cusco, cuando salgo a la calle. Además, estoy seguro de que muchos de mis compañeros y otros chicos que venimos de provincias sentimos lo mismo. Vivir en la capital o en otra ciudad es duro, no solo por el nivel de estudio que se exige aquí, sino también por la carga de sentimientos que tienes encima por dejar todo lo que tenías cerca de ti y tu corazón. Muchas personas, aquí, en la Capital tienen una idea equivocada de lo que es el Cusco, nos preguntan: En el Cusco, ¿Tienen servicio de televisión por cable?, ¿Internet?, ¿Tu casa está cerca de Machu Picchu? Y más preguntas por el estilo que hacen ver al Cusco como un pueblito más. Nos toman, aclaro sólo “algunas” personas, como personas distintas a ellos, lo cual puedo asegurar: somos distintos. Algunos piensan que el Cusco es una ciudad apartada de todo y la verdad es que es uno de los lugares más lindos y acogedores del mundo entero y posee, me atrevo a decir, cosas más agradables que esta fría y triste capital del Perú, no solo fría por sus enormes edificios, sino porque aquí la primavera, por ejemplo, se pasó con un cielo color “panza de burro” y con la sensación del agua de mar en la cara. Sin embargo, una de las cosas que faltan en nuestro Cusco y el motivo por el cual muchos de mis compañeros, amigos y amigas han partido hacia otras ciudades es la calidad de enseñanza universitaria; sin querer dañar el gran prestigio de las universidades cuzqueñas, no se puede estudiar en una universidad que tiene huelgas cada cinco días y en otra que no tenga un buen plan de estudios y resentimientos personales no académicos contra ciertas personas: el peso de una ciudad en donde todos se conocen. Siento decir esto, como cuzqueño que soy, pero esa es mi opinión, la única que me dan las universidades del Cusco y creo que la mayoría de mis amigos que se encuentran fuera de su ciudad, la comparten conmigo. Sin embargo, al punto que quiero llegar es que estas circunstancias nos generan problemas no solo económicos, sino también de carga sentimental; el salir de nuestra tierra hacia una desconocida Lima, Piura o Arequipa; o tal vez más lejos como Bolivia, Chile o Argentina; nos hacen dejar a nuestros seres queridos con el corazón en la boca, preocupados por nosotros. Los tiene con el “corazón en espera”. En espera de nuestro retorno en cada vacación, en espera del retorno con nuestro “mejor futuro”, según dicen, en las manos y, en otros casos más dolorosos, en espera de nuestra llamada decidiendo quedarnos en las vacaciones o talvez a vivir definitivamente en esa ciudad desconocida y lejana de nuestro hogar por la búsqueda de ese “mejor futuro”, dejando, así, nuestro verdadero hogar. Peor es el destino de otros que se alejan del Perú, como mi gran amigo Alejandro, que leerá este artículo por el correo electrónico, ya que se encuentra en Austria. Él, en una de las tantas conversaciones que tenemos por la Internet, me reveló que, probablemente, cuando llegue a su “Cusquito” llorará porque no se puede comparar una ciudad tan linda como la nuestra con un país desconocido. Lo nuestro es lo nuestro. Finalmente, para concluir este breve artículo me gustaría recordar una frase de la canción de León Gieco “Solo le pido a Dios” y adherir mi deseo personal a este fragmento, que dice: “Solo le pido a Dios, que el futuro no me sea indiferente, desahuciado está el que tiene que marchar, a vivir una cultura diferente”. Porque eso es lo que se hace cuando se vive en otra ciudad: vivir una cultura diferente y condenarse a extrañar por siempre su querida tierra, como en mi caso: mi querido Cusco.



2 comentarios:

Renato Constantino dijo...

Defenderé a mi pobre e incomprendida ciudad. Mi ciudad es ecléctica, colorida como un afiche de Chacalón JR(para combinar bien con el gris de su cielo)distraída como compradora en Gamarra, romántica como la vista del mar en Miraflores, tradicional como un Pisco sour en el Queirolo, hermosa como su santa patrona, irracional como sus piletas en medio del desierto sediento de dos millones de habitantes sin agua. Incomprensible e inocente de culpas. Esa es mi ciudad.
Y bueno... las preguntas son algo tontas, sí, pero no te hagas el ofendido. Recuerdo bien cuando una vieja amiga (que creo ya no lo es a pesar de los mails que me manda) me dijo que en Cusco no había cines.
Sin embargo, aplaudo el cariño que muestras por tu ciudad y respeto mucho la nostalgia que sientes. Solo me queda desearte suerte en el camino que has elegido.

Claudia dijo...

Definitivamente, Cusco es Cusco, no hay nada mejor q mi cusquito ^^, no como en la "capital" sales de tu casa y para la esquina ya estas totalmnt despojado de tus cosas...


Diseño del artista cusqueño Jorge Flores Najar, mi querido Tío.