Estas líneas están dedicadas a mi familia…
El día de hoy me levante pensando en las mil y una cosas que tengo que hacer para la Universidad; desde controles de lectura hasta elaboración de fichas para un trabajo de investigación. No tomé desayuno, pues en Lima como es costumbre, uno se levanta directo a almorzar. Ayer, vinieron a visitarme dos amigos y tuve que arreglar el zafarrancho que tenía en mi departamento; ahí fue cuando me di cuenta después de media hora arreglando, de la gran responsabilidad que tengo en mis manos.
En fin, hoy me aliste para salir a desayunar-almorzar, y tome la decisión de ir a Pueblo Libre, a unas 5 cuadras de mi casa pues por flojera, y falta de movilidad propia, no me dan ganas de ir más lejos. Apenas salí del departamento, la canción que sonó en mi Ipod fue “Color esperanza”, como sabe mi familia, esa es la canción de mi hermana Sofí y mía, con la cual cantamos los dos desde hace un tiempo al sonido de la guitarra que me regalo mi papá hace unos años o la “sobreviviente” guitarra de mi abuelo con la que comencé mis aventuras musicales.
Después de ese golpe de nostalgia, tome un combi chiquito como los que hay en Cusco hacia Pueblo libre y pague 50 centavos, un pasaje promedio entre normal y universitario en Cusco, y llegué a “La olla criolla”, un restaurante dirigido por un señor muy parecido a mi abuelo, pero menos simpático, pero con gran aire a hombre de la familia como él; en este restaurante sirven el mejor menú de esa parte de Pueblo Libre.
Ni bien entré al restaurante, observé como llevaban un plato de sopa con fideos, que me hizo recordar las sopas, que usualmente sólo como en Cusco, preparadas por mi abuelita Vilma; con el antojo rarísimo y con un sol leve en esta primavera limeña, me pedí eso y un pollo a la plancha, que me hizo acordar lo que mi mamá me preparaba cuando no me gustaba el almuerzo del día. Segunda puñalada, por partida doble, de nostalgia.
Como si hubiera sido poco, me encontraba comiendo y sucedió lo que tenía que pasar. En ese restaurante siempre acostumbran poner canciones de CD, pero los domingos familiares ponen una radio bastante familiar “La Inolvidable”; y en eso la voz del conductor anunció a “los morochucos” con su canción “cuando llora mi guitarra”; en verdad este fue el golpe de nostalgia más fuerte del día, pues engloba en particular a mi abuelo, mi Tata, y toda mi familia; pues, escribiendo esto con lagrimas en los ojos, se me vienen a la mente los domingos al medio día cuando todos nos sentabamos a comer en la mesa de Manzanares; esa es la familia que tengo siempre en mi corazón y que acá no tengo.
A esto hay que aumentarle, los golpes previos que me he estado guardando: primero, cuando me llegó de sorpresa un dibujo de mi hermana (puerquito de Winnie Pooh en una ciudad) y que por teléfono me pregunte donde lo puse; cuando me llegaron galletas de mi abuelita Vilma; otro de los fuertes, cuando me llegó un pedazo de torta de la fiesta de cumpleaños de mi hermana, primer cumpleaños en el que su hermano mayor no está, y esas son cosas que ni la mejor facultad de Derecho, ni el mejor futuro, ni los mejores amigos, ni la chica que me gusta, NADA pueden justificar, nunca me lo voy a perdonar. También la falta de mi papá que siempre es mi guía y que siempre me ayuda en mi ignorancia jurídica por teléfono, si estuviera junto a mí, e incluso lejos de mi, estoy seguro que él es mi mejor profesor; también me hizo falta mi papá el otro día cuando por fin aprendí a tocar “Ojala” de Silvio, nuestra canción preferida juntos. Y por último, pero no menos importante, también la falta de mi hermano, sus peleas y estupideces de hermanos. Todos los golpes con los que un cusqueño despojado de su hogar debe soportar.
Dos ideas para acabar; como dice Chacalón: “soy muchacho provinciano” buscando un mejor futuro a falta de Universidades buenas en mi carrera en Cusco; y como dice Vallejo: “Hay golpes en la vida tan fuertes ¡Yo no sé!”
domingo, 4 de octubre de 2009
A hard day in life
sábado, 26 de septiembre de 2009
¿Cómo calificas el “arte”?

Imagen de DeviantArt
¿Es posible calificar objetivamente alguna creación artística humana? Unas cuantas preguntas siempre ha rondado en mi cabeza; con qué parámetros se califica una pintura, escultura o diseño en la Facultad de Arte; cómo se califica una maqueta o diseño en la Facultad de Arquitectura; qué criterios existen para evaluar los vestidos y creaciones de los diseñadores de modas; o cómo se otorga valoración objetiva a una obra musical, teatral, poética o narrativa. Todas estas cuestiones apuntan a que la creatividad e imaginación humanas no se pueden limitar ni parametrar en criterios de calificación arbitrarios del cero al veinte, del cero al diez, o de la F a la A.
¿Quién es el calificador para juzgar una obra de creación tuya? Si a Picasso le hubieran puesto parámetros de repente su “Guernica” hubiera obtenido un diez a lo sumo porque un profesor no lo comprendió; Munch por su “El grito” hubiera obtenido tan sólo un 14 por falta de colores en la concepción de un maestro; si Sauvestre por el diseño de la torre Eiffel hubiera obtenido una “C” por falta de ornamentos; ni que decir del pobre Duchamp que por su “Fountain” no hubiera obtenido ni un cinco, por presentar un inodoro cochino como arte.
Las calificaciones en lo creativo, incluso sin irnos al extremo en algunos otros campos como los ensayos o trabajos, son subjetivas por completo. Dependen mucho de las concepciones de “arte” que tengan los profesores o los calificadores; la relatividad y constante mutación de los conceptos “arte”, “creativo”, “moda”, entre otros del mismo tipo son los que marcan la imposibilidad de una calificación objetiva. Para algún profesor un trabajo puede ser una obra maestra, una obra de “arte”, elogiar tu trabajo de manera efusiva e, incluso, vivaz; sin embargo, el mismo trabajo puede se apreciado por otro calificador como regular; o, peor aún, por algún otro catedrático como un completo insulto al arte.
El movimiento dadá o dadaísmo, es una muestra clara de que la creatividad y la valoración no son buenos compañeros. Este movimiento se caracterizó por ser una forma totalmente distinta de hacer “arte”, no convencional, que surge de la crítica a la monotonía artística, específicamente literaria, pero que llega a influenciar al arte en general. Así, la “fountain” de Duchamp es la imagen de un simple inodoro; es decir, el cambio de estilo bruscamente como revolución “anti-arte”. En su tiempo, estas obras pudieron haber sido calificadas e, incluso, ser sometidas a burla; sin embargo, en nuestros tiempos, la valoración ha cambiado y se lo toma como un momento revolucionario en la historia del “arte”.
Así, lo que está de “moda”, lo “artístico”, no depende de una calificación, ni de una valoración, pues cada uno sabe el valor que tiene su obra; pues existe un primer momento en el cual el artista elige qué trabajos presentar y cuales no; es totalmente válido que un autor se autolimite, pero me parece totalmente inconcebible que otras personas ajenas a tu trabajo creativo e imaginativo sean capaces de someter tu obra, la que tú, cada uno, califica de apta para exhibir, como una nota del cero al veinte o de la F a la A. Cada quien califica su trabajo, pues sabe cuanto esmero le ha puesto y si en verdad le atribuye la valoración que se merece; queda aún pendiente la pregunta y lo seguirá, según estimo, por mucho tiempo ¿con qué criterios se califica una obra de “arte”?
domingo, 13 de septiembre de 2009
Reiterando

Imagen de DeviantArt
Qué hacer frente a palabras vacías cuando es lo único que tienes
Ante el incomodo deseo de amarte sin tenerte al frente
Perder el sentido por un segundo cuando estoy atento a tu mirada
Rozar el fondo en el alma en el mundo terreno
Cuán importante es ser honesto cuando se vive en un mundo de mentiras
Son necesarios los besos cuando impera la frialdad del invierno
Es necesario tocarte para saber que existes
O simplemente uno debe morir para darse cuenta que esta vivo
Comprender la magnitud de todo el peso de la infortuna es difícil
De que sirve rezar en tiempos profanos de completa desilusión
Comunicarte los sentimientos no sirve de mucho por tu indiferencia
Habrá que ordenar las ideas para comenzar el naufragio en tu corazón
Situarse en tu campo de batalla es perder por anticipado
Completar una frase es como haber callado desde hace mucho
Habrá que ordenar las ideas para comenzar a conquistarte
Poco a poco, paso a pasito, aunque tú avances a pasos de gigante.
Diseño del artista cusqueño Jorge Flores Najar, mi querido Tío.