Este es un post un poco personal y triste; a medio ciclo me encontré con uno de los profesores que más recuerdo de mi antigua facultad de Estudios Generales Letras, el profesor Pedro Granados, quien motivo mi espíritu narrativo. Gracias a su práctico curso de Narrativa y algunas lecturas comencé a escribir cuentos; pero bueno, nos encontramos y después de comentarme que había descuidado un poco mi blog, me pregunto: ¿Qué pasa? Te veo medio tristón, ¿Acabaste con una enamorada a la cual querías mucho?
Es curioso observar como el destino juega con la vida y se manifiesta de formas extrañas. Jamás pensé que él me diría algo como eso en ese preciso instante. Sin embargo, es cierto, en ese tiempo comenzó la larga cadena de acontecimientos con los cuales se acabó una relación que duró mucho tiempo, demasiado. Debo admitir que me entristeció acabar con una persona a la que quise tanto, a la cual di todo de mí y a la cual quise por tanto tiempo; con la cual pase muchos momentos juntos, con la cual tengo una historia completa, hartas anécdotas y mucho cariño compartido.
Pero algunas cosas están hechas para ser temporales a largo o corto plazo. Simplemente porque Dios y nosotros lo quisimos así.
Un especialista en el tema del amor es el tan popular Blogger, Renato Cisneros, quien señala en su entrada “Agárrate fuerte a mi” lo siguiente acerca de las relaciones en pareja, exactamente lo que quería decir:
“No hay separación amorosa que te deje conciliar el sueño con facilidad. Veamos. Cuando es la otra persona la que solicita separarse, simplemente no duermes durante dos o tres días: la nostalgia, la rabia, el dolor te devoran por dentro y te desvelan por fuera. Quedas en estado de vómito, de sequedad orgánica y sonambulismo. Ojeroso, atraviesas las madrugadas, evocando escenas, deshojando teorías y probabilidades (a falta de margaritas) tratando de entender en qué momento tu relación se fue al diablo. (…).
Por otro lado, cuando eres tú el que propone distanciarse, te vas a la cama con la negra sensación de haberle hecho pedazos el corazón a otra persona, y eso puede ser peor. No más triste, pero sí más agotador. Si llorar porque te dejan desgasta, ver que alguien llora por una decisión tuya desgasta el doble: la pena y el remordimiento son demasiado pesados, y por lo general la gente no tiene el temperamento suficiente como para ponérselos al hombro.
(…)
Sea de la manera que sea, toda separación supone un desapego que puede ser traumático. Y es que cuando encuentras a un ser humano que te gusta, te eriza, te entretiene, te cuida, te complementa, te inspira, desarrollas de modo irracional un indómito sentido de la pertenencia. Y para que eso ocurra no tienen que transcurrir años de años: bastan unos cuantos meses para que ese sentimiento nazca, se reproduzca, crezca y se expanda.
Sientes que la pareja es tuya, como tuyos son tus brazos, tuyo tu auto, tuya tu mascota, tuya tu alma, tuya tu almohada, tuyo tu riñón. Tanto te convences de esa posesión que también cedes tu individualidad para congraciarte y ser propiedad sentimental de tu novia(o)“
Esta vez la cosa fue un poco rara. Me acabaron, pero sin darse cuenta de un error que mi ex-enamorada cometió, y yo, por muchos otros motivos, también acaté la decisión; a pesar de que hace un tiempo yo hubiera llorado y muerto con esa decisión, ahora ya no es así. Ahora soy un poco más fuerte, un poco más duro, un poco más frío; quizá un poco más maduro que antes; eso lo juzgan los demás, no me compete a mi hacerlo.
No voy a mentir, aprendí mucho en ese tiempo compartido. Aprendí que las relaciones humanas son bastante complicadas; entendí que hay que pensar bien antes de hablar; también, entendí lo que con mucho acierto dice Arjona: “Los celos son traviesos, que es mitad falta de sesos y mitad inseguridad”. Comprendí lo que es el amor de verdad y lo que es que este también se acabe; vislumbre con mis propios ojos lo lindo de una relación de larga duración que gracias a la desconfianza se logró deteriorar.
Ahora, en este tiempo, he estado pensando un poco egoístamente en mi mismo, me he dado cuenta que quiero hacer tantas cosas. Tengo algunos sueños empolvados por ahí guardados en el fondo de mi corazón; algunas metas escondidas en lo más profundo de mi mente; algunos deseos perdidos en mi alma:
· Quiero conocer el mundo (Italia, Japón, Francia, España, Australia)
· Quiero comprarme un carro sencillo simple para ir de allá para acá (algo así como un Nissan March o un viejo Volkswagen)
· Quiero conocer más amigos y más amigas
· Quiero terminar mis estudios
· Quiero escribir un libro de cuentos
· Y, claro, encontrar mi verdadero amor
Estas líneas me animan a continuar, pues sé que el destino me mostrara el futuro que me espera poco a poco; ahora me esforzaré por lograr estos motivos que se anidan en mi mente y en mi corazón. Es lindo luchar por lo que quieres, es algo que tengo desde que era pequeño, la perseverancia.












0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada